Una pena de plaza

Por el jul 18th, 2011 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

En estos días veraniegos, y una vez terminada, he vuelto a pasear por la plaza del Padre Vallet. He hablado con vecinos y paseantes profesionales, con pequeños empresarios, con políticos jubilados y con jubilados muy políticos. La conclusión es muy parecida: la nueva plaza no funciona.

No habría que volver a inventar la rueda. La rueda hace tiempo que está inventada. La Academia nos ofrece varias definiciones de plaza. Las dos primeras son las siguientes:

  1. f. Lugar ancho y espacioso dentro de un poblado, al que suelen afluir varias calles.
  2. f. Aquel donde se venden los mantenimientos y se tiene el trato común de los vecinos, y donde se celebran las ferias, los mercados y fiestas públicas.

Es evidente que nuestra querida plaza cumple con creces la primera, en todas sus características: ancha y espaciosa en la que confluyen, al menos, siete calles y algún callejón. Es una definición técnica.

Me preocupa la segunda. La del lugar donde “se tiene el trato común de los vecinos, y donde se celebran las ferias, los mercados…”. Esta otra función, social y económica, la cumplía nuestra plaza. Es evidente que, ya antes de las obras, este aspecto se había ido deteriorando. Las urbanizaciones y, fundamentalmente, la Ampliación Casa de Campo, conocida como “Avenida de Europa”, desplazó el centro de gravedad de Pozuelo. Las obras han venido a darle la puntilla.

Porque parece evidente  que, de momento, la gente que se fue del centro de Pozuelo Pueblo por las obras de la plaza, no va a volver. ¿Para qué? ¿Necesitan volver? Es muy difícil cambiar los hábitos, pero una vez cambiados es, de nuevo muy difícil, volverlos a cambiar. Quienes compraban han buscado otros proveedores. El pan, el periódico, el pescado, el corte de pelo, el material de papelería, las joyas, los bancos, la fruta… Todo se puede conseguir en otra parte. Y quizá mejor, más cerca, más fácil, más barato. Incluso ya no hace falta, para muchas gestiones, ir al ayuntamiento. ¡Qué difícil recuperar al cliente que se ha ido! La vuelta es lenta, esporádica, de goteo. Nunca volverá a ser igual.

Por otra parte, el nuevo aparcamiento lo tiene complicado. Veremos cómo se soluciona esto, que ha sido la excusa para la obra de toda la plaza. El problema de aparcamiento se solucionó con los parquímetros, antes de comenzar las obras. No hacía falta este nuevo aparcamiento. Ya había otro y además no es “amigable”, ni barato, por lo que no ofrece ventajas. Con un túnel que, para dar la vuelta a la plaza en coche, hay que ir y volver al Camino de las Huertas. O a Cirilo Palomo.

Y por último, la más que discutible joya arquitectónica del viejo ayuntamiento de Regiones Devastadas, que nadie en su sano juicio tiraría y volvería a construir. Nosotros sí. Y con un también más que discutible “submarino” adosado, NCC, nuevo centro cultural ganador de un concurso que nunca habría que haber lanzado o, al menos no en esas condiciones, o que no hubiese sido vinculante para el ayuntamiento.

Pero ahí está la plaza, vacía. En un monumento a la acción política inútil, estéril y onerosa. Hoy, ya ni siquiera está en ella el olvidado Doney, que vivió doscientos setenta días allí, subido a una grúa. Terminada pero sin vida. Una pena de plaza.

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