Sensación de desgobierno

Por el jul 5th, 2012 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

En otra sección de MIRADOR DE POZUELO se dice que por tercera vez vecinos de la zona centro del pueblo colocan pasquines denunciando el deterioro de algunas de las calles de dicho centro. Tienen razón. La sensación de desgobierno, de abandono por las autoridades, de que en esa zona se puede hacer cualquier cosa a partir de unas horas determinadas va en aumento de día en día.

Y lo digo por experiencia propia. Vivo en las proximidades del ayuntamiento y por ello me es de todo punto necesario pasar por las dos plazas que lo rodean. Por la mañana lo hago con tranquilidad, pero por la tarde, sobre todo cuando el sol comienza a caer, paso no sé si con miedo o con precaución. A esas horas, tanto la plaza del padre Vallet como la del Ayuntamiento (rebautizadas oficiosamente como plazas Marrakech y Dominicana) se convierten en parques de niños y adolescentes donde éstos se comportan como cabe esperar: jugando a todo, fútbol, bicicletas, monopatines, etc. etc.

He sufrido algún balonazo de un futuro Ronaldo. He visto caer a una señora por lo mismo, he tenido y tengo que sortear a quienes quieren ser un Indurain. He sido testigo de un conato de pelea entre un señor que reprendía a un niño y el padre de éste. Que los niños y adolescentes jueguen me parece normal y hasta necesario. Pero ¡coño! que lo hagan en los lugares adecuados y sin poner en peligro a los abuelos.

Lo paradójico es que en ambas plazas sendos carteles prohíben jugar a la pelota y montar en bicicleta. A veces hay por allí una pareja de policías municipales quienes pasan bastante del cuento de hacer cumplir la prohibición; después de la caída del sol desaparecen. Ese pasotismo policial me parece muy peligroso, tanto por el peligro en sí como porque los niños pueden llegar a convencerse de que las normas pueden infringirse tranquilamente o lo que es lo mismo que las normas de convivencia no sirven para nada y que cada cual pueden hacer lo que le dé la gana. Y esos niños dentro de nada serán adultos que pondrán en práctica lo que su experiencia les ha enseñado: que todo da igual y el que se sienta molesto que se aguante.

Acaso fuera conveniente decir a las criaturitas (y a las creaturazas) que tanto molestan en las plazas antedichas, y sobre todo a sus padres, que para hacer el burro (dicho sea coloquialmente) sin peligro lo mejor que pueden hacer es irse al Camino de las Huertas donde en el espacio del antiguo mercadillo o en la llamada plaza de las Américas pueden jugar a sus anchas. O acaso lo conveniente sea que junto a los carteles que prohíben jugar al balón y montar en bicicleta se pongan otros que aconsejen a las personas adultas que a partir de las ocho de la tarde si quieren caminar por el centro del pueblo lo hagan con casco e incluso con bastón.

Por si lo anterior fuera poco hace unos días una señora que pertenece a una sociedad protectora de animales me habló de algo inquietante. Ha visto numerosos cachorros de perros pitbull y rottweiler por las calles próximas a las dos plazas del centro del pueblo. Yo he visto un par de ellos. Van sin collar, ni bozal. Esos cachorros dentro de nada serán adultos. Sabemos que si esos animales no son debidamente educados son peligrosos. La señora me hablaba de rumores de peleas clandestinas de perros en descampados e incluso en pisos patera. Demasiado. Me gustan los perros, siento pasión por ellos (sólo es un punto inferior a la que siento por las mujeres y los niños) y me duele que sean maltratados y más aún que puedan atacar a un viandante. ¿Es qué tampoco va a preocuparse nadie de tales presuntas fieras?

Lo dicho en el título de este artículo: quienes vivimos en el centro del pueblo tenemos la sensación de que nadie nos gobierna, nos sentimos desprotegidos. Alguno de mis colegas jubilatas me dice que todo se debe a que los concejales que tienen más mando en plaza son forasteros y cuanto acontece en el pueblo les es indiferente, lo único que les interesa es el inmerecido buen sueldo que reciben a fin de mes. ¿…?

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