¡Que me quiten de delante al viejo!

Por el abr 29th, 2016 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Hace un tiempo un señor atropelló a un pelotón de ciclistas y mató a varios de ellos. No se examinaron las circunstancias que pudieran explicar el triste suceso: si el conductor y los ciclistas iban por el carril adecuado, si todos respetaban las normas de tráfico, etc. Y no se examinaron porque como el automovilista tenía una edad avanzada se dijo que esa era la causa de todo. Rápidamente los listillos dijeron que a los viejos había que prohibirles conducir automóviles.
Si se examinan las estadísticas de la edad de quienes causan accidentes de tráfico se verá que no son precisamente los viejos los causantes de más accidentes. Pero es igual. Los politiqueros (los profesionales de la política) recién llegados, los politiqueros neonatos que nos quieren mangonear (ellos dicen gobernar), frecuentemente sin sentido, piensan que como los viejos ya no pueden llevar pantalón vaquero ajustado marcando paquete porque no lo tienen, ni lucir coleta porque están calvos hay que obligarles a estar somnolientos en casa, sentados en un banco del parque o, todo lo más, jugando a la petanca. Ese pensamiento de los politiqueros neonatos es cada día más compartido por otros necios. No sé, alguien importante dijo que el número de los tontos crece de día en día hasta acercarse al infinito. Viendo a algunos politiqueros hay que admitir que ese alguien tenía razón.
Tengo la infundada sospecha de que los mandamases de Tráfico, que por los que veo en tv también son politiqueros neonatos, mantienen esa misma premisa: hay que acosar a los viejos para que estén quietecitos y se dejen de cualquier zarandaja relacionada con el automóvil. Hay que aburrirles e incluso amedrentarles para que no conduzcan. Lo sospecho porque algunos de mis colegas que ejercen de abuelos sufren ese acoso. Dicen que rara es la semana que a media tarde, cuando van a recoger a sus nietos al colegio no los pare la poli (nacional y municipal en alegre comandita), los haga soplar para ver si van mamados, les pidan los papeles; en definitiva, que les amedrenten y les pongan nerviosos.
En diciembre uno de esos abuelos fue parado en la Avenida Pablo VI, de aquí, de Pozuelo. Un poli le hizo soplar por lo del alcohol y le pidió los papeles del coche. El abuelo tiene tembleque (los médicos dicen enfermedad de Parkinson) lo que no le impide llevar la cuchara a la boca sin derramar la comida, escribir, atarse los zapatos e incluso dejar el brazo quieto y tieso cuando quiere. El poli viendo su tembleque le dijo con la displicencia propia del ser superior que en ocasiones cree ser el que lleva pistola: -Y a ti ¿quién te ha dado el carnet de conducir? Anda, márchate y vete con cuidado.
Quince días después a mi amigo le llega un papel de la Jefatura Provincial de Tráfico de Madrid donde se le dice que tiene que someterse a un reconocimiento en un centro médico predeterminado y que debe “acudir a la consulta con informes médicos actualizados”. No se le dice cuales son esos informes actualizados, ni por qué ha de someterse a un examen médico, pero sí que antes ha de pasarse por la Jefatura y abonar una pasta. En este caso cabe preguntarse ¿qué poder tiene una autoridad administrativa para exigir algo que compete al poder judicial, y sólo en determinadas circunstancias, cual son los informes médicos privados?
Mi amigo paga y acude un tanto aco…ngojado el centro médico. El colegiado que le examina se agacha ante él y le manda hacer fuerza con los brazos y con las piernas. Mi amigo, obediente y sumiso, hace lo que le dice el médico y lo hace tan bien que deja al galeno con el culo en el suelo.
El médico le entrega un papel en el que le prescribe ir a oftalmología (valoración de estrabismo con posible diplopía) y a neurología para valoración de Parkinson. Le informa, además, de que si las pruebas médicas son favorables debe acudir a una autoescuela para hacer, como cualquier novato, un examen de conducir.
Los informes de oftalmología son favorables. El neurólogo le manda hacerse una resonancia magnética de la cabeza, una analítica de cosas en la sangre y unas pruebas psiconeurológicas. Todo lo pagará la seguridad social, menos las pruebas psiconeurológicas que importan 400 euros.
Mi amigo se cansa de tanta tomadura de pelo. En marzo se presenta en la Jefatura Provincial de Tráfico. Entrega el carnet de conducir y les dice a los funcionarios que se lo metan en los pulmones, quiero decir en los bolsillos de la camisa que están al lado.
Pocos días después recibe un escrito de la misma Jefatura. Es un escrito surrealista. En él se dice que el abuelo “carece presuntamente de las aptitudes necesarias para ser titular” del permiso de conducir y en consecuencia se la intervendrá el correspondiente permiso (lo cual es falso porque lo entregó voluntariamente el presunto inútil). Y se concluye con algo que necesita traducción: “Para dejar sin efecto dicha intervención…deberá someterse a las correspondientes pruebas de aptitud psicofísica…hasta un máximo de tres que finalizará el…”. ¿Qué son esas tres ignotas pruebas de aptitud psicofísica?
Se nos ocurre pensar, malpensar, si los mandamases de Tráfico no habrán dado instrucciones a los polis (nacionales, municipales, civiles) para que atosiguen y aburran a los viejos con el fin de que éstos se cansen y renuncien al permiso de conducir y evitar así que los viejos atropellen a pelotones de ciclistas o causen accidentes similares. A lo peor alguno ha dicho: que me quiten delante a los viejos. Lo hayan hecho o no así lo indiscutible es que lo sufrido por mi amigo es un ataque a sus derechos y a lo más irrenunciable de la condición humana cual es su libertad. Ahora de que se habla mucho de Cervantes (aunque sigamos sin leerlo) conviene recordar sus palabras: “Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”. ¿Por qué a alguien que no ha cometido ninguna infracción y conducía de manera normal se le quiere privar de un derecho? ¿por qué tiene que someterse a un examen médico? ¿por qué lo diga un poli? ¿qué cualificación tiene éste para poner en duda el estado de salud de nadie? En mis años de estudio cursé una asignatura que se llamaba Psicología, ¿me habilita el haber aprobado aquella asignatura para decir que alguien está tonto de remate y que por lo tanto ha de someterse a pruebas médicas? Es evidente que no. Como no creo que un poli de a pie tampoco esté cualificado para eso mismo no me parece razonable que los mandamases permitan que por una su simple mirada del poli -y sin que haya infracción alguna ni una conducción peligrosa- a cualquiera se nos obligue a demostrar que no somos inútiles del todo. Es un despropósito y un atentado a la libertad. ¿Y por qué obligarle a ir a un centro médico determinado, que queda en el quinto coño, cuando en la localidad donde uno reside o en sus cercanías hay centros autorizados por el mismo Tráfico para que te examinen? ¿es que los médicos de estos centros son menos médicos que los demás? Ese es otro despropósito y otro atentado a la libertad.
Si con frecuencia nos quejamos en la barra del bar de lo que hemos tenido que aguantar a algún poli sobre todo en cuestiones relacionadas con el tráfico, quien según la ley siempre tiene razón, no estaría de más que los señores diputados que vamos a elegir se preocupasen más de la libertad, de los derechos de la gente del común, de que nadie abuse de su poder (como lo hace Tráfico en ocasiones como la antedicha), de que defiendan nuestra libertad y no se enfaden tanto porque a ellos en alguna rara ocasión se les trata igual que al común de los contribuyentes. Recordemos otra vez a Cervantes: Con la libertad “no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre”. Pues eso, señores futuros diputados, lean a Cervantes.
Consejo para mis colegas los viejos: cuando os pare un poli si sois unas damas sonreírle e incluso tirarle besitos; si sois unos caballeros además de sonreírle decirle que su presencia os resulta agradable. Cualquier cosa para que no se cabree porque como se cabree y le diga a los de Tráfico que estáis hechos una mierda os vais a enterar.
Un amigo con quien comento este artículo me dice que estoy tonto, que me calle y no me cree problemas, que hablo de una cuestión baladí e intrascendente. Puede que tenga razón y más aún porque a él no lo han puteado. Pero si ante los ataques a la libertad y los abusos de poder todos quienes tenían capacidad de hablar hubieran estado callados bastantes de ellos no habrían pasado por la cárcel, el destierro o la persecución política, mas todavía seguiríamos bajo una dictadura.

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