Pozuelo tiene una deuda pendiente

Por el dic 7th, 2013 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

En 2013 se cumplieron treinta años de la llegada al poder municipal de Pepe Martín-Crespo. Pozuelo era por entonces un pequeño pueblo de treinta mil habitantes. En los setenta había comenzado a crecer con algunas urbanizaciones alrededor de sus dos núcleos urbanos tradicionales, el Pueblo y la Estación. Para hacernos una idea de cómo era entonces Pozuelo, baste indicar que el conserje vivía con su familia en el propio Ayuntamiento, y que su policía municipal no disponía de ningún coche para hacer su trabajo.

En 1983, el nuevo alcalde electo de Pozuelo, don José Martín-Crespo comenzará un mandato de veinte años en el que transformará radicalmente Pozuelo. Nunca se valorará lo suficiente que la jefatura política del ayuntamiento estuviese, en ese momento, dirigida por un arquitecto urbanista. Nunca se valorará lo suficiente que, durante ese periodo de desarrollo del Plan de Ampliación de la Casa de Campo con licencias para miles de viviendas y cientos de equipamientos, el ayuntamiento no sirviese de fuente de financiación para el partido en el poder y sus representantes.

Al alcalde Martín-Crespo se le pueden achacar muchas cosas. Veinte años en el poder municipal dan para muchos conflictos, públicos y privados, y muchas decisiones, discutidas y discutibles. Pero la realidad es que Pozuelo pasó de un pequeño pueblo residencial a una ciudad dinámica, con gran calidad de vida. El ayuntamiento se convirtió en una institución, profesional, saneada y rica. Basta ver hoy sus avenidas y calles, sus parques y jardines, sus instalaciones y equipamientos deportivos municipales. El diseño del nuevo Pozuelo salió del lápiz de Pepe y, quienes en alguna ocasión visitamos su despacho por aquellos años, recordamos sus planos y dibujos del futuro que  nos esperaba.

También en 2013 se cumplen diez años de su salida, por la puerta de atrás, y del consiguiente desembarco de los “genoveses” en el concejo de Pozuelo. El partido –el único que gana en Pozuelo desde 1983- decidió un cambio de cabeza de cartel. Tras una comida del PP de la Zona Oeste con Javier Arenas, el 20 de mayo de 2002 en el Hotel Pozuelo, se filtró al diario El País.  Pepe, que llevaba veinte años en el poder, se enteró literalmente por la prensa. El elegido, Jesús Sepúlveda Recio, era según el diario un “fontanero del presidente Aznar” desde hacía quince años, “especializado profesionalmente en procesos electorales”. Ése era todo su bagaje, además de vecino de Pozuelo, senador por Murcia y marido de Ana Mato. Ni siquiera había terminado la carrera de Derecho, a pesar de que así lo afirmaban El País y la página oficial del Senado. Como tantas otras cosas en Sepúlveda, pura fachada.

La orientación del sucesor en la gestión estaba clara. Se dio licencia para todas aquellas cosas que estaban “paradas”. Las carretillas de dinero enfilaron hacia la calle Génova de la capital, en vez de hacia la Plaza Mayor del pueblo. El alcalde se mudó de su casa de Monteclaro a otra nueva en La Finca. Lo demás está publicado en los periódicos. En el Parque de Las Cárcavas se pasó de un presupuesto de 4,5 millones de euros a uno de 11. El centro comercial El Torreón se compró por 19 millones y se restauró por 13. La participación del alcalde y parte de su equipo en la trama Gürtel está en los diarios y también en los tribunales. Sepúlveda finalmente dimitió (nunca lo celebraremos lo suficiente) y tras seis años de alcalde dejó sesenta millones de deuda municipal, que hoy siguen lastrando nuestros presupuestos. Lo demás es historia reciente que todos conocemos.

Tras una década de la salida del ayuntamiento del alcalde Martín-Crespo, su figura se ha agrandado, en parte por la perspectiva de su gestión, en parte por la labor de sus sucesores. Además de la deuda que nos dejaron éstos, que seguimos pagando con nuestros impuestos, Pozuelo tiene una deuda con don José. No hablo de una plaza o de una avenida, que bien la merecería. Hablo de un reconocimiento de quienes entonces le tuvimos de alcalde y que hoy valoramos positivamente su labor en nuestro pueblo. Pozuelo tiene una deuda pendiente. Creo que es hora de pagarla.

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