No hacer leña del árbol caído

Por el feb 10th, 2010 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

El otro día hablábamos los amigos de nuestro ex alcalde don Jesús Sepúlveda y de la concejala doña Yolanda Estrada, ambos imputados en el caso Gurtel. Hubo opiniones para todos los gustos hasta que habló el sensato. Sentenció algo obvio: hasta que la justicia no se pronuncie, los dos son inocentes; sin embargo, los medios de comunicación, los dirigentes de su partido, la oposición y nosotros los que tomamos café en la barra del bar, ya los hemos prejuzgado y condenado. Los miramos con recelo.

En medio de la conversación me vinieron a la memoria don Demetrio Madrid, del PSOE, presidente de la Junta de Castilla y León y doña Loyola de Palacio, del PP, ministra de Agricultura. Ambos fueron imputados y ambos dimitieron de sus cargos. Tres años después don Demetrio Madrid fue declarado inocente.  A doña Loyola de Palacio tardó en llegarle el mismo veredicto siete años. Pero, el descrédito y el sufrimiento moral que tuvieron que aguantar durante tanto tiempo no se los quitó nadie. Todo ello sin contar que esa situación provocó la quiebra de la empresa de don Demetrio y la enfermedad que a doña Loyola le llevó a la muerte. Esos retrasos de la justicia en emitir sentencia fueron, y siguen siendo, una forma de injusticia.

Ahora con el interminable caso Gurtel puede ocurrir lo mismo. No es justo que los imputados, inocentes o culpables, tengan que estar pendientes tanto tiempo de lo que se decida sobre ellos para poder dar una nueva orientación a su vida. Esa justicia lenta, premiosa, se convierte en una parodia de sí misma.

Cuando don Jesús Sepúlveda era alcalde fui bastante crítico con su labor.  Nunca recibí una queja suya y siempre mantuvimos una relación cortés.  Entonces creía, y sigo creyéndolo, que los mandamases no son de fiar (incluso cuando en otro lugar y otras circunstancias el mandamás era yo), que la amistad con ellos contamina a ambas partes y que por lo tanto es bueno estar lejos.  (En mi puebla natal se decía más a la pata llana: Del jefe y del mulo –con perdón- cuanto más lejos más seguro). Por eso, porque nuestra relación se limitó a la pura cortesía el señor Sepúlveda nada me debe ni nada le debo. A doña Yolanda no la conozco. Cuando el señor Sepúlveda dejó de ser alcalde y le abandonaron los tiralevitas, como lo tengo por buena persona y porque ahora podemos hablar sin equívocos de igual a igual, de don nadie a don nadie lo incluí entre quienes si ellos quieren pueden ser mis amigos. El mismo ofrecimiento le hago a doña Yolanda.

Deseo, que el caso Gurtel se resuelva pronto y que ambos sean declarados inocentes. Pero mientras no sea así no nos atribuyamos competencias que  no nos corresponden y no los penalicemos. Ya tienen bastante con soportar la incertidumbre que les impide hacer una vida normal y sin sobresaltos. Nuestros antepasados, al menos los míos, decían que era innoble hacer leña del árbol caído, practicaban una virtud hoy en desuso, se llamaba piedad con el que está en horas bajas. Pongámosla nuevamente en práctica.

Vaya para don Jesús y doña Yolanda mi mejor saludo.

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