Malestar en la colonia María Benítez por las interminables zanjas del Canal de Isabel II que duran ya más de dos meses

Por el sep 10th, 2013 y publicado en Destacado. RSS 2.0.

Las zanjas del Canal de Isabel II para renovar parte de la red de suministro de la colonia María Benítez están a punto de saturar la paciencia de numerosos vecinos. Y es que va para dos meses y medio que empezaron las primeras zanjas y todavía son innumerables los obstáculos con los que se encuentran muchos vecinos para acceder a sus calles e incluso a sus propias casas.

“Llevamos envueltos en el polvo de las obras desde antes de comenzase el verano. Pero lo más desesperante no es sólo la tremenda descoordinación de las diferentes subcontratas, sino ver cómo algunos días los obreros desaparecen y nadie hace nada”, explica a MIRADOR una vecina de la calle Santiago Maganto, donde algunas zanjas llevan más de dos meses abiertas.

Una de las zanjas aún sin tapar junto a la calle María Benítez

La obra se ha rectificando sobre la marcha y, después de varias averías, el Canal ha decidido ampliar la renovación de tuberías con el fin de evitar más averías y más zanjas. Los residentes no ocultan su satisfacción por una renovación que debería limitar las persistentes reparaciones por las repetidas fugas de agua. Y, sin embargo, la exasperante lentitud está haciendo crecer la tensión con las diferentes empresas encargadas de la obra. “Uno te hace la zanja, otro pone la tubería, después vienen a asfaltar, pero no pueden porque no ha pasado el del hormigón. Dos días después llega el del hormigón, pero no puede cerrar porque hay unos ladrillos mal puestos. Cuando por fin se soluciona y se pone el hormigón, regresa el del asfalto, pero entonces falta que haga su parte la máquina que recorta el asfalto viejo, que es otra contrata distinta…”, relata un vecino de la calle Luis Soria.

Zanjas2En otros casos, como el de la imagen de la derecha, sencillamente, se abre el boquete, se pone la tubería y pasan los días sin que nadie lo tape. Aunque pueda existir alguna clase de planificación difícil de comprender, el vecino acaba teniendo la sensación de que se abren zanjas aquí y allá y no se termina nada. Entre tanto, hay un número considerable tuberías apiladas o a un lado de la calle. Como si fuesen un palillo tirado en el suelo, pero que pesa 150 kilos y mide siete metros. Como si a alguna de las contratas se le hubiese olvidado recoger un tramo que les sobró.

Los residentes también exponen que, además de la suciedad permanente, los servicios de limpieza y de basura o no aparecen o lo hacen de cuando en cuando. En algunas calles han optado por buscar dónde llevar la basura ante la incertidumbre de cuándo pasará el camión. En un segundo plano dejan las dificultades para encontrar aparcamiento en una zona donde, aunque no lo parezca, hay una saturación de vehículos en relación con el número de casas y donde muy pocos utilizan las plazas de aparcamiento que en la mayoría de los casos se han transformado en trasteros.

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