La cruz de la Atalaya no debiera ser invisible

Por el jun 10th, 2016 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

La mayor parte de los entendidos dice que una atalaya es una torre hecha en un lugar alto para registrar, vigilar, desde ella el campo o el mar. También se llama atalaya a una altura, sin torre, desde la que se ve mucho espacio de tierra o mar. En el término municipal de nuestra villa hay dos lugares conocidos como “la atalaya”. Ambos están en sitios elevados. Es evidente que nuestras dos atalayas no servían para ver el mar. Aquí éramos más modestos y aunque teníamos mucha agua (“sumas aguas”, Somosaguas) en manantiales o pozos (por eso lo de Pozuelo) e incluso teniendo casi siempre húmeda la tierra (de ahí Húmera) carecíamos de mar.
Uno de los dos parajes llamados “atalaya” está en el centro de la villa. En tiempos fue un noviciado de religiosas, hoy es una residencia de señoras. (¡Qué misa más hermosa es la de las diez de la mañana de los domingos en esa residencia: que bien cantan las religiosas dirigidas por la madre María Luisa, que bien toca el armonio el profesor don Luis Cervera!).
El otro paraje con el mismo nombre está aledaño a la parte central del barrio de Somosaguas. En esta atalaya, junto al camino que iba de Pozuelo a Húmera, el año 1731 el señor De la Torre, un caballero de la Orden de Santiago, erigió una hermosa cruz de granito. Además de como punto de orientación esta cruz servía para que quienes pasaban junto a ella se encomendasen a su protección y rezasen una oración. (Chismorreo: cuando a finales de los años setenta del siglo pasado se produjo el asesinato de los marqueses de Urquijo, cuya vivienda estaba y está próxima, el morbo hizo que la cruz de la Atalaya fuese más visitada que nunca). Tal cruz era visible desde cualquier lado y sobre todo desde Pozuelo hasta que como consecuencia de las obras de la carretera M-503 se levantaron unos terraplenes que la han dejado invisible y casi inaccesible. Antes de que se hicieran esas obras éramos muchos los pozueleños, los que vivíamos en el casco de la villa, que íbamos de paseo hasta ella e incluso nos santiguábamos y rezábamos una oración. Después de haberla dejado tan mal como está ahora el ayuntamiento la reforzó enterrando la peana que la soporta y colocando una pequeña valla circular que procedía de la que se colocó en torno a la fotinia que tanto nos divirtió y nos dio que hablar. (La fotinia es un arbusto de gran tamaño y un tanto raro que tiene hojas rojas cuando es joven, violáceas en verano y verdes en invierno. Había una muy hermosa en el Camino de las Huertas. Cuando éste fue ampliado la fotinia se trasplantó a la plaza del padre Vallet. No hubo suerte, la fotinia murió y la valla se reutilizó para adornar la cruz de la Atalaya).
Ahora quien quiera ir a ver esa cruz, que es junto a las fuentes uno de los escasos monumentos de la villa, tiene que hacerlo por el camino de tierra al que se accede a través de un hueco que alguien sabio ha hecho en la valla próxima a la rotonda que va de la vía de las Dos Castillas a Húmera (¿por qué el ayuntamiento no hace un acceso adecuado?) o ir civilizadamente por la acera que está frente a las viviendas de la Universidad Complutense hasta el final. Frente a ese final, hay una puerta que casi siempre está abierta y por la que se puede acceder en bici.
Pero, en cualquier caso y dado donde y como está la cruz de la Atalaya hoy no cumple los fines que su patrocinador quiso que tuviera: nadie la ve, a nadie orienta, ningún creyente reza una oración junto a ella, acaso fuera conveniente pensar algo sobre ella. Puesto que el señor De La Torre quiso que estuviera en una atalaya y aquella atalaya hoy ya no lo es habría que valorar si es posible y útil buscarle una ubicación adecuada, aunque me temo que los falsos historicistas digan que eso es falsear la Historia. La única atalaya, lugar elevado, que hay hoy en nuestra villa y que es accesible para todos es el Cerro de los Perdigones. Ese lugar tiene la ventaja de ser un lugar común porque no es de nadie: no está en el pueblo, ni en la estación, ni en Húmera.
Cuando yo sea mayor y me presente para alcalde llevaré en mi programa el trasladar la Cruz de la Atalaya al Cerro de los Perdigones. A lo mejor a doña Susana, nuestra alcaldesa actual, se le ocurre lo mismo y se me adelanta. No se lo tendré en cuenta e incluso la aplaudiré por ello.

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