La Basílica de San Vicente en Ávila

Por el feb 17th, 2011 y publicado en Motor y Viajes. RSS 2.0.

Basílica de San Vicente en Ávila

Basílica de San Vicente en Ávila

Hoy, nos vamos cerca de aquí y Ávila será el destino. Para no ir y volver por la misma carretera, el viaje de ida lo haremos por la carretera de El Escorial. Subiremos el puerto de la Cruz Verde, que está lleno de moteros y una vez llegado al bar giraremos a la derecha, en el cruce, para después de unos cincuenta y cinco km. llegar a nuestro destino. La vuelta la podemos hacer mejor por la autovía de La Coruña.

En el año de 1085, el rey Alfonso VI, toma la ciudad de Toledo. La Toletum visigoda, primada de España y capital, era recuperada por el rey leonés. Todo un hito. Ahora, había que fortificar la línea de retaguardia, y el rey, le encarga a su yerno Raimundo de Borgoña, un franco, amurallar la ciudad. Gran cantidad de personajes foráneos se encargan de la tarea y nos dejan para la posteridad , una de las joyas del románico civil de España.

En las murallas, destacan las puertas de San Vicente, de quien hablaremos más, y del Alcázar, el ábside de la catedral, llamado cimorro, que incluso tiene adarve, los más de dos mil quinientos metros de perímetro y los ochenta y ocho cubos que la forman espectacular. La Catedral,
aunque tiene planteamiento románico, que se ve muy bien en las bases de los pilares cruciformes, se acaba en estilo gótico. Pero como las murallas se ven a lo lejos, nos detendremos en la puerta de San Vicente, puesto que enfrente tenemos lo que hemos venido a visitar.

De la basílica de San Vicente, nos atrae su uniformidad; sus sillares muy bien labrados, sus tres ábsides preciosos y la puerta oeste con la parábola de Epulón y el pobre Lázaro. En la puerta meridional, la Anunciación. Eso sí, ya casi gótica, pero no por ello menos bella. Dos filas de canecillos
muy bien ejecutados en el lado sur, nos dan una idea de la perfección que tenía el románico por aquí en la segunda mitad del siglo XII. Pero pasemos al interior.

Cuando se decide cubrir con bóvedas de ojivas – en forma de X- , los pilares construidos no habían sido diseñados para este tipo de cubierta, así que se recurre de forma ingeniosa a apear las nervaduras- las aspas de la X- sobre unos capiteles que tienen que estar sesgados. Curioso de ver
tan solo con levantar la vista junto a un pilar de la nave central. Se ve fácil.

Pero lo que más nos llama la atención, es el sepulcro de los santos titulares, San Vicente y sus hermanas Santa Sabina y Santa Cristeta. Fue pintado pensando cómo estaría cuando se ejecutó. Admirable. Vemos escenas de la vida de los santos. San Vicente es conducido ante Daciano y como no reniega de su fe, es conducido a prisión. El santo es visitado por sus hermanas, escapan y –esta escena es de las mejores- Daciano ordena a sus soldados, vestidos con traje de cota de malla capturar a los hermanos, que luego son despojados de sus ropas, sometidos a tortura en unas aspas y sus cabezas aplastadas, donde se ve el alma de los tres que es elevada a los cielos por un ángel, en forma románica de niños. Un judío que se mofa de ellos es reprendido por una serpiente, como figuración de Cristo y decide convertirse al cristianismo preparando él mismo los ataúdes bajo un pórtico.

Asombroso, con letras mayúsculas. Monjes, músicos, una epifanía, aves… componen este cenotafio de San Vicente, que tenemos que contemplar. Y como siempre dentro de estos templos hace frío, se nos abre el apetito y nos vamos hacia la Plaza del Mercado Chico y buscamos algún sitio para restaurarnos con unas deliciosas y típicas patatas revolconas. Y si hay tiempo, lo que apetezca.

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