Felices y ¿tranquilas? fiestas

Por el ago 31st, 2012 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Si lo sé no vengo. Bueno, saber lo sabía, pero se me había olvidado. Después de dos meses en mi Arcadia, un pueblo sin guardias y sin ley e incluso aparentemente sin alcalde porque el que lo es no ejerce y cuando lo hace toda va peor, regreso a Pozuelo. Es verdad que éste también es mi pueblo, que aquí están mi familia y mis amigos, que lo paso relativamente bien; pero se me había olvidado que aquí estoy sometido a unas normas y en mi Arcadia no. Allí estoy hasta las mil de la madrugada en una terraza diciendo tonterías y tomando un par de cubatas (y si hay que sacrificarse hasta tres) con otros contertulios y alguna hermosa contertulia; aquí no, que viene el guardia, se cabrea y nos abronca. Allí dejo el coche donde me da la gana, sin impedir el paso y sin molestar a nadie; aquí si intento hacer lo mismo me sacan doscientos euros para las arcas municipales. En lo único que mi Arcadia y Pozuelo se parecen es que en ambos lugares puedo pasear por el campo yendo por buenas aceras porque aunque nací y me crié en Pueblo soy un urbanita total; no soy como otros colegas de aquí, que todos los lunes se van al campo en plan Indiana Jones a recorrer caminos sin buenas aceras. Si de verdad supieran lo que es el campo no irían de falsos exploradores.
En mi Arcadia hay poco ruido, en mi barrio de Pozuelo tampoco es excesivo; más, ahora andan colocando cerca el tinglado de las fiestas. Según me cuentan el que las casetas se pongan al lado de mi casa y no en el Camino de las Huertas como antes se debe a que los vecinos de ese barrio se quejaron educadamente no del ruido, sino de que los adictos al botellón, tiraban los cascos (de las bebidas y los de sus propias extremidades) en los jardines privados e incluso los usaban como mingitorio. Se quejaron ante el concejal correspondiente y éste que además de forastero era un chulo les dijo que se jo…robasen y se aguantasen, que las fiestas son las fiestas. Los vecinos fueron al juzgado y allí se les dio la razón: las fiestas no podían hacerse en el Camino de las Huertas.
Y hablando de fiestas. Veo el programa y me recuerdan a las de mi Arcadia. Son unas fiestas de pueblo, que eso es Pozuelo, y no las de la gran ciudad que por vanidad municipal se dice que es nuestra villa. Son unas fiestas sin grandes alharacas y sin figuras destacadas del mundo del espectáculo, son unas fiestas para divertirse y no para presumir que son mejores que las de Majadahonda. Lo de la “quedada generacional” es digno de aplauso: es una ocasión única para el reencuentro de quienes mocearon juntos. Tal vez me acerque por allí para escuchar la música que tanto entusiasmaba a nuestros hijos.
Acaso estas fiestas sencillas se deban a que como ese autista que se llama Rajoy dice que hay que ahorrar nuestra alcaldesa le haya hecho caso. Pues, la aplaudimos. Bien por doña Paloma.
Visto el programa se nos ocurre una sola objeción. Pozueleños de toda la vida son los hermanos Mora, que forman el grupo Lagarto Amarillo. Los lagartos hacen buena música. Están o han estado entre los 40 principales. Nos gustaría que doña Paloma no se olvidase de ellos en el futuro, son nuestros, son nuestra gente.
Desde MIRADOR DE POZUELO deseamos a nuestros convecinos felices, y hasta si es posible, tranquilas fiestas y que Nuestra Señora de la Consolación nos dé eso, el necesario consuelo que necesitamos ante la crisis que todos estamos sufriendo. Amén.
¡Ah! y que los jóvenes de acá y los de acullá no hagan botellones ni pacíficos ni conflictivos.

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