Estamos perplejos

Por el ene 2nd, 2011 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Estamos perplejos. A este país, que creo se sigue llamando España, acuden gentes de otras tierras con conductas e ideas diferentes a las nuestras, presuntamente con la intención de ayudarnos. La inmensa mayoría se adapta a nuestros usos y costumbres pero hay una minoría que no sólo no lo hace sino que exige que seamos nosotros quienes nos adaptemos a las suyas. Todos hemos oído hablar de la chica que el año pasado, aquí en Pozuelo, se empeñó en ir a clase con un pañuelo en la cabeza o del alumno que hace poco denunció al profesor porque a éste se le ocurrió hablar del cerdo. En ambos casos hubo grupúsculos que acusaron a los respectivos centros de enseñanza de xenófobos e intolerantes.

Vayamos por partes. Hace tiempo asistí en el MIRA a una conferencia del profesor Amando de Miguel sobre tolerancia y permisividad. Más o menos venía a decir que la tolerancia consiste en permitir conductas e ideas diferentes a las propias pero que no inciden en la convivencia. La permisividad es permitir lo mismo aun cuando con ello se crean problemas.

El lenguaje políticamente correcto, que por ser político es falso, dice que todas las ideas y todas las actitudes han de ser toleradas. Falso de la A a la Z. Quienes han de ser toleradas son todas las personas, pero no todas las ideas ni todas las formas de proceder; es más, algunas ideas y algunas conductas deben ser combatidas. ¿Cómo se va a respetar la idea de que la mujer es inferior al hombre o el negro al blanco? ¿Cómo admitir la pena de muerte o la ablación del clítoris?

Aquí y ahora, por un mal entendido buenismo estamos pasando de la tolerancia a la permisividad y autoflagelándonos por no ser suficientemente permisivos. Poco menos que se nos exige que pidamos perdón por ser como somos y pensar como pensamos. Está muy bien que admitamos a gentes con ideas que no son las nuestras, lo que no es admisible es que por ello tengamos que renunciar a las propias. Yo puedo recibir a alguien en mi casa pero no estoy dispuesto a tolerar que ese alguien me diga como tengo que comportarme en ella y mucho menos a dejar mi casa para que el alguien viva cómodo. Sí, ya sé que antes se hablada de obras de caridad tales como dar de comer al hambriento o dar posada al peregrino, pero no se decía que fuera yo quien tenía que quedarse sin comer o dormir en la calle.

El falso buenismo que lleva a la peligrosa y antisocial permisividad hace que nadie, o en el mejor de los casos un número bajo, haya protestado, ni se haya manifestado por los intentos de quemar la iglesia de Santa Catalina en Majadahonda o la del santuario de Schoenstatt aquí en Pozuelo. Estamos perplejos ante tal pasividad.
No quiero ni pensar la que se hubiera armado si aquí se hubiera hecho lo mismo con templos de otras religiones. Además de haber ocupado las primeras páginas de la prensa se habría hablado de fachas, trogloditas, atapuercos, racistas, xenófobos, intolerantes, etc. etc.

Acaso haya algunos laicistas sin sentido común, los mismos que piden que se vuele la cruz del Valle de los Caídos y que se cierre la basílica, que ignorantes de nuestra Historia no vean mal tal tipo de acciones e incluso sugieran que en pro de la concordia y la mal llamada tolerancia (que eso es la permisividad) que los católicos nos callemos, que lo mejor es que olviden el poso religioso y cultural de siglos que nos ha hecho como somos. De ser así Europa en general, y España en particular, dejaría de ser lo que es y nosotros, los europeos y españoles acabaríamos sintiéndonos desclasados y apátridas en nuestro propio país. Estamos perplejos.

Los atentados contra las mencionadas iglesias son sumamente graves. Seguro que el Ministerio del Interior está dedicando los recursos suficientes para detener a sus autores. Sean actos provocados por algún tipo de integrismo anticatólico o sean simples gamberradas deben ser aclarados en el más corto tiempo posible. De no ser así quienes los cometieron pueden sentirse impunes y seguir con sus acciones. A nadie se le oculta que como los exaltados abundan en todas partes de haber más atentados contra iglesias podrían producirse injustas reacciones de imprevisibles consecuencias tanto a nivel nacional como internacional.

Pero, si condenable es la permisividad más condenable es la persecución a los creyentes, de cualquier religión, de Cristo, de Moisés, de Mahoma, de un dios desconocido…por el solo hecho de serlo. No sufrimos manía persecutoria, pero ¿cómo hemos de entender las denuncias de la policía municipal a quienes van a misa y dejan su coche aparcado cerca de la iglesia? Nos han hablado de las multas que se ponen a quienes acuden a Santa María de Caná y a la Asunción de Nuestra Señora (acaso ocurra lo mismo con las demás parroquias de la villa). Los multadores alegan que ellos cumplen con su deber ya hay señales que impiden el aparcamiento. Es cierto. Como nos negamos a creer que quienes son sancionados en estos casos sean malos ciudadanos, porque no obstaculizan el tráfico de personas ni vehículos, no solamente nos inclinamos a pensar que las señales están puestas de forma arbitraria sino que lo afirmamos. Y lo demostramos con un ejemplo harto conocido. En la Asunción de Nuestra Señora, la parroquia de lo que llamamos el pueblo, siempre hubo un aparcamiento en terreno propio de la iglesia, separado de la calle mediante unos bolardos y una cadena. Un cartel decía: Prohibido estacionar salvo en las horas de culto. Pues bien con la remodelación que se ha hecho de la calle tales cartel, bolardos y cadenas han desaparecido. El ayuntamiento se ha apoderado del espacio eclesial y ha prohibido estacionar en ese espacio que no es suyo. Quienes antes iban a misa y dejaban su coche en él ahora son multados. ¿Es persecución, es una coacción ilegítima para que los feligreses usen, paguen y hagan rentable el aparcamiento subterráneo que se ha hecho en la plaza del padre Vallet o es, simplemente, una torpeza más de las muchas de nuestro ayuntamiento?

Estamos perplejos por el proceder de unos gobiernos, en este caso el municipal, que se dicen defensores de la libertad y cada día nos la limitan más, hoy hay más prohibiciones que ayer pero menos que mañana. Seguimos estando perplejos.

Para terminar con una cierta esperanza: Que la generosidad de los mágicos Reyes Magos nos alcance a todos.

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