El Ayuntamiento los tiene/nos tiene cabreados

Por el mar 13th, 2016 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

El grupo de jubilatas nos hemos dedicado, como siempre, a arreglar España. Hemos reiterado nuestra conclusión anterior: Rajoy y Pedro deben dejar de marearnos, el primero irse a vivir tan guapamente a Santa Pola y el segundo no tan guapamente, pero tampoco mal, aquí a Pozuelo.
Después nos hemos dedicado a arreglar Pozuelo. La verdad es que tras lo oído a los amigos de mi quinta me he quedado confuso. Me explico. Sabemos que el gobierno del Reino de España está en funciones y que por eso no funciona (lo que tal vez sea una ventaja). Uno de mis “compis” como diría la reina se pregunta, nos pregunta, si nuestro ayuntamiento también está en funciones y por eso tampoco funciona o aunque sí funcione no lo parezca. Como teóricamente está para servirnos el que nuestro ayuntamiento parezca que no funciona es una clara pejiguera. No sé que responder. Digo que no me creo mucho lo del no funcionamiento del ayuntamiento. Primero porque no sigo muy de cerca la actividad municipal y después porque conozco a algunos concejales que me parecen diligentes. El “compi” nos pregunta a todos, es cierto que con mala leche, que si conocemos al médico, al boticario, el frutero, al quiosquero, etc., es decir a las personas que nos son útiles. Como todos decimos que sí continúa dándonos la vara y repregunta : ¿a cuántos de los doscientos sesenta y seis senadores del Reino de España conocéis? ¿a cuántos de los ciento veintinueve diputados de la Asamblea de la Comunidad de Madrid? ¿a cuántos de los veintimuchos concejales con dedicación exclusiva y los veintitantos enchufados o asesores de nuestro ayuntamiento? Afirma que si nos son útiles conoceremos a algunos de sus miembros. Nos dice que nos invita a comer si le decimos en el acto el nombre de cinco senadores, cinco diputados de la asamblea y cinco concejales de nuestro ayuntamiento o lo que es lo mismo de cinco politiqueros de cualquier órgano colegiado como demostración de que nos sirven de algo. Cada uno tuvimos que pagar nuestra comida.
Razón no le falta. La desidia, la sensación de abandono que vecinos y en forma especial los peatones vocacionales percibimos cuando vagamos por las calles del pueblo nos parece cada día mayor. ¿Quién vigila las calles? ¿quién se encarga de que estén en buenas condiciones y no supongan un peligro para los correcaminos? La respuesta es: aparentemente nadie. Por las calles sólo van, vamos, las gentes del común, los gerifaltes (tanto los jefes de departamento municipal como los politiqueros) no salen jamás del despacho: papeles y más papeles y si salen van en coche. Esos gerifaltes puede que estén haciendo cosas tan importantes como descubrir América todos los días o llegar a la luna (hay quien dice que están siempre allí) pero jamás se enteran de los problemas reales de la gente. Según dice el leguleyo del grupo de jubilatas esa desidia puede ser considerada negligencia culposa, que por lo visto es un delito. Pero la gente es mansa y sufrida y no se queja, mas si muchas de esas quejas llegaran al juzgado habría problemas. (Ejemplos: metedura de pata en una tapa de alcantarillado o en un alcorque trampa que te deja perniquebrado, posible descarga eléctrica en un registro al que se le ha roto la puerta como el de la sede la la Policía Municipal, adoquines levantados con los que te tropiezas y te das un guarrazo que te convierte en doble del nazareno, y dos o tres mil anomalías más; hasta la fecha todas quedan impunes y no debiera ser así).
Es decir: nuestro ayuntamiento, salvo para cobrar mucho aparentemente sirve para poco. (Bueno, lo de deportes lo lleva bastante bien, lo sé por mis nietos). El que en nuestro grupo se dedica a asesorar empresas se desmelena. Afirma rotundo y con un notable cabreo: si la cuestión en la que el ayuntamiento debe servirnos tiene relación con el urbanismo entonces hay que ponerse a temblar y si se es creyente en una religión ponerse a rezar. Estamos de acuerdo con él en lo confuso de las normas urbanísticas en nuestra villa porque por una extraña casualidad, de repente y juntas, nos llegan, me llegan, noticias de extrañezas relacionadas con ese departamento municipal. Veamos algunas.
1. ¿Cuándo se va a modificar el Plan de Ordenación Urbana de la antigua zona industrial del barrio de La Estación, donde ya no hay industrias? Hay rumores de que por allí, en la avenida de Italia o calles adyacentes se quiere instalar un supermercado que tendría entre cien o ciento cincuenta trabajadores. Mientras no se modifique el Plan no se puede hacer nada. ¿Por qué no se modifica con celeridad? Lo de los más de cien empleados a los mandamases puede parecerles que carece de importancia porque como Pozuelo es la localidad más rica del Reino de España y como nuestra renta media es superior a los setenta mil euros seguro que esos empleados serían forasteros. (Por cierto: ¿a quién he de pedir mi parte porque la renta per cápita que percibo es bastante inferior a la que por lo que se dice se cobra aquí?).
2. En la calle Antonio Becerril, 12 hay un edificio que a simple vista parece no ser residencial. Un empresario ha querido instalar allí sus oficinas. Le han dicho que ese edificio es ilegal y que por ello no es posible realizar allí ninguna actividad. ¿Por qué no se legaliza y deja de ser un edificio fantasma?
3. La compañía ORANGE ESPAÑA, S.A.U. solicitó el 10 de junio de 2014 autorización para “implantación de una planta de nueva tecnología en estación base de telefonía móvil” en la calle Antonio Becerril, 16. La estación base, una antena, se hizo y está funcionando. Para sorpresa de todos el día 24 de febrero de 2016 la cosa de Urbanismo municipal le ha denegado esa petición. Es decir: el ayuntamiento no se enteró de nada y han pasado un año y nueve meses para dijera que no. Esa antena está a unos treinta metros de las viviendas más próximas. Los vecinos de esas viviendas se quejan de sufrir más cánceres de lo normal (alguno ya lleva tres) y ha habido por lo menos dos fallecidos. Puede que no haya una relación causa-efecto, pero si la hay al ayuntamiento le da igual.
4. Según dice el cabreado se pueden ejercer actividades terciarias en las segundas plantas de cualquier edificio; pero sí alguien quiere hacer eso en la tercera planta la ordenanza municipal lo prohíbe. ¿Y por qué no dejar que sean quienes allí viven quienes digan si se puede realizar esa actividad, que acaso sea molesta? Esa ordenanza es el ejemplo típico de la erótica del poder, del mandar para jo…robar por el placer de hacerlo.
5. El Plan ARPO. ¿Qué pasa con esa cosa tan traída y tan llevada? ¿Nos hemos de tapar la nariz para no oler mal y no porque no haya colector de aguas residuales, que sí lo hay? Como ya vamos viejos nos acordamos del alcalde doctor arquitecto don José Martín Crespo. Más complicado era el llamado Plan de Ampliación de la Casa de Campo y lo hizo en un tiempo relativamente breve y eso que sólo disponía de media docena de concejales liberados y un par de asesores.
Y no queremos recordar una vez más lo que le han hecho sufrir a quien se ha empeñado en restaurar la casa de la señora Blasa, el único edificio de cuanto Pozuelo era un pueblo y no una gran ciudad como ahora (¡Ja, ja y ja! por lo de gran ciudad). Ni la herejía de poner las venenosas adelfas en varios jardines.
En resumidas cuentas. Que puede que el ayuntamiento esté hasta haciendo obras buenas o por lo menos raras (por ejemplo: quitar hierbajos en zonas medio ajardinadas y poner adoquines) pero es incapaz de arreglar un socavón. Que el ayuntamiento no hace caso a los vecinos porque nuestros mandamases viven en un mundo que no es el de la gente común. En definitiva: que el ayuntamiento tiene cabreado a medio mundo, que puede no ser ineficaz pero lo parece, que el ayuntamiento nos sirve de poco y en cuestiones de urbanismo de casi nada. ¿Qué hacemos con él? Teníamos la ligera esperanza de que los nuevos concejales, los naranjitos y los de color berenjena, desperezasen a los de siempre. Pero, no. Han aprendido pronto que lo suyo es lo de todos: comer y callar…y aplaudir con entusiasmo el gran jefe que está en Madrid, lo de aquí no les importa más que una higa. Según la revista municipal en los plenos no dicen más que incongruencias, como los demás, que no tienen nada que ver con el sentir y las necesidades de los vecinos.

Importante. Quiero aclarar bien una cosa: aunque el departamento de Urbanismo parezca que no funciona como debiera los funcionarios que trabajan en él son buenos trabajadores. Lo digo porque los he visto. El pasado jueves, día 10 de febrero, estuve allí. En la puerta hay un cartel que dice que sólo reciben los lunes, miércoles y viernes de nueve a once. Como soy medio cegato y analfabeto del todo no me enteré del cartel. Entré. Todos estaban sin levantar los ojos de los papeles o de la pantalla del ordenador y ninguno era émulo de doña Celia Villalobos jugando al Candy Crash; es decir: todos estaban trabajando. Una señorita me atendió amablemente. Salí sonriendo porque había un hombre que me miraba de reojo, con la cabeza gacha y las antenas puestas para oir las genialidades que decía yo. Debió pensar que soy un tipo raro. Acertó.

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