De Madrid al cielo, pasando por Pozuelo

Por el ago 28th, 2011 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Este verano, en las profundidades del calendario de agosto, Madrid ha sido escenario de una revolución juvenil, silenciosa, espiritual. Nuestra capacidad de asombro, ante los acontecimientos, se ve a veces disminuida por la acción de los medios de comunicación, que nos acercan cada día cualquier suceso espectacular que ocurra en el mundo. Somos, cada vez, más difíciles de sorprender.

Que cerca de millón y medio de jóvenes, venidos de todos los rincones de la tierra, se reúnan en Madrid con su líder espiritual debería conmovernos. No es habitual. No es frecuente. Más allá de afinidades espirituales, en nuestra sociedad actual, la juventud es un valor en sí mismo. Con motivo del movimiento #15m nos preguntábamos cómo estos jóvenes podían haber estado adormecidos, anestesiados, durante tanto tiempo. Con la crisis actual, casi la mitad de nuestros jóvenes en edad de trabajar, está en paro. Y los que tienen un puesto de trabajo, éste es precario y, en el mejor de los casos, su remuneración es mileurista. Tienen muy difícil planificar su futuro.

En este panorama, cientos de miles de jóvenes se han puesto en marcha. Han cogido sus mochilas, sus sombreros, sus cruces, y se han puesto a caminar hacia Madrid. El objetivo visible, verse con el Papa. El objetivo íntimo, quizá, encontrarse consigo mismos y vislumbrar un camino, un sentido, para sus vidas adultas, que ahora comienzan. No lo sé. Pero aquí han venido, respondiendo a la convocatoria de la Jornada Mundial de la Juventud (#JMJ), que se ha celebrado en Madrid, en estos días de agosto.

Como siempre, como no podría ser de otra manera, en nuestra vieja piel de toro, se ha producido una enorme polémica. Que si se pagaba con dineros públicos. Que si qué derecho les daba a tomar la plaza pública. Que si estaban abducidos por una jerarquía eclesiástica, encerrada en su boato. Que si no sería mejor celebrar la #JMJ en Somalia… Polémicas estériles ante unos jóvenes que siguen a un hombre que dijo que, ante una agresión, no había que responder con otra, sino poner la otra mejilla. Más allá de las opiniones ideológicas, Madrid, y España, se han beneficiado de una repercusión mediática mundial; de la afluencia de millón y pico de turistas; de la convivencia con jóvenes de otras culturas; del recuerdo de Madrid que miles de jóvenes se llevarán en lo más profundo de su corazón.

Y en el camino, muchos de ellos, cerca de 20.000 han pasado por Pozuelo. De 28 nacionalidades distintas. Alojados en colegios, privados y públicos, en parroquias, en polideportivos, en casas de órdenes religiosas y en casas particulares. Todas las instituciones, privadas y públicas, administraciones del Estado, autonómicas y locales, han trabajado codo con codo, para el éxito de esta jornada. Y se ha conseguido. España es uno de los primeros países turísticos del mundo. Y se nota. España es un país de acogida, abierto, cruce de culturas y encuentro de personas de distintas procedencias, desde tiempo inmemorial. España es un país de hondas raíces cristianas, desde hace dos mil años. Pozuelo ha querido sumarse a esta fiesta de la Juventud. Tan solo en la parroquia de Santa María de Caná se inscribieron 1.250 peregrinos y 250 voluntarios. El sábado por la mañana salieron caminando, junto a los miles de extranjeros acogidos, hacia Cuatro Vientos. La Policía Municipal, y nuestra querida Protección Civil, les escoltaron hasta los límites municipales. Iban de Madrid al cielo, pasando por Pozuelo.

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