Contra los horarios-trampa

Por el mar 27th, 2014 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Vaya por delante mi sincero elogio al servicio que prestan las bibliotecas públicas de Pozuelo y a la gran labor que este servicio realiza en un municipio como el nuestro. El papel de los medios es, sin embargo, el de apuntar los “agujeros” del servicio. Les cuento.

Después de muchos meses sin usar el préstamo, hace bien poco que renové mi carnet y tomé unas películas de la biblioteca. Cuando salí me preocupé de echar un vistazo al horario para saber a qué atenerme a la hora de devolverlas. De 10 a 21 horas de lunes a viernes y de 10 a 14 horas los sábados por la mañana.

Visioné las películas y una semana después acudí a devolverlas 13 minutos antes del cierre. Pero no pude entregarlas, pues el funcionario me informó de que el servicio de préstamo y entrega se cierra 15 minutos antes. “No es que yo no quiera, es que no puedo porque ya está cerrado”, me dijo. La explicación creo que es bien sencilla, pues es el tiempo que los funcionarios dedican a poner las cosas en su sitio al término del día. No pude dejar las películas ni tan siquiera para que fuesen registradas como entregadas a la mañana siguiente.

Ya a la salida comprobé cómo, efectivamente, en letra pequeña se dice debajo del horario que todos los servicios dejan de funcionar 15 minutos antes de la hora de cierre. Camino de casa me pareció un tanto extraño y me pregunté qué pasaría si alguien entrase en un supermercado y cuando fuese a pagar, 10 minutos antes de la hora del cierre, le dijesen que la cajera cierra la caja precisamente un cuarto de hora antes de esa hora. Que no es que no me quieran cobrar ni vender los productos. Que, sencillamente, la caja está cerrada.

Nada más lejos de mis intenciones que establecer los horarios municipales -por cierto, si los polideportivos abren los sábados por la tarde, ¿por qué no las bibliotecas?-. Pero sí creo que el servicio de bibliotecas, aplicando la máxima de evitar la engañosa publicidad de la letra pequeña que nadie lee, debería ser más honesto y cambiar el horario de la puerta por el que de forma efectiva prestan sus servicios: de 10 a 20,45 de lunes a viernes y de 10 a 13,45 los sábados.

Fíjense que no pido que las bibliotecas amplíen el horario cuando un número suficiente de vecinos precisen de ello, sino, sencillamente, que no se le hagan trampas a los vecinos, muchos de ellos trabajadores en empresas privadas que también están de cara al cliente y que cumplen sus horarios (con bastante holgura en demasiados casos) para ocuparse del trabajo puertas adentro cuando el horario de apertura ha terminado.

Los funcionarios que hayan llegado en su lectura hasta aquí, habrán comenzado a pensar hace ya unas cuantas líneas que la mía es una reclamación basada en el tópico de que los funcionarios salen volando media hora antes de cumplir con su horario. Nada más lejos de mis intenciones. No les pido ni un minuto más de su tiempo laboral. Ni uno. Pero sí todos sus minutos de trabajo. Todos.

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