Siempre me he manifestado abiertamente en contra de la gente que trabaja estando en el paro. O que se va de vacaciones cuando está de baja por enfermedad. O que, incumpliendo la prescripción del facultativo, se reincorpora sin ofrecer mayores explicaciones a su puesto de trabajo. Se preguntará el lector el porqué de este discurso sin rumbo.
Pues resulta que me ha contado un pajarito que una edil de Pozuelo sufrió un accidente de circulación hace un par de meses. Los efectos fueron el clásico esguince cervical y el aparatoso collarín para evitar que el paciente mueva el cuello en la medida de lo posible. Y me explican que a la concejal poco le importó estar de baja, pues siguió despachando sus asuntos y estampando su firma en cuantos expedientes le ponían delante para rubricar. ¡Acaso no se da cuenta esta mujer de la dudosa validez jurídica de estos documentos públicos firmados por alguien que está de baja laboral! Bueno, pues parece que ha tenido que ser el alcalde quien le llamara la atención. O se trabaja o se está de baja. Y si no se puede trabajar, tampoco firmar.
Alguien aparecerá reclamando. Y tendrá razón.