El martes próximo Doney cumplirá cinco meses subido a la grúa de la plaza del Padre Vallet reclamando que Ploder Uicesa abone los casi 150.000 euros que adeuda a la empresa para la que trabaja, Jígar; pero ni la contrata, ni el Ayuntamiento de Pozuelo, ni la Justicia parecen hacer nada para conseguir que Doney deje de malvivir en la grúa y vuelva a casa con los suyos.
En una charla con MIRADOR, Doney analizó con resignación los meses que lleva de protesta bajo la lluvia, las tormentas, el viento, la nieve y ahora un calor que sobre la grúa supera con creces los cuarenta grados, y ante el que no tiene más protección que una lona plástica, que más que aislarle del calor lo concentra.
Doney pasa las horas pensando, no puede ponerse prácticamente en pie por lo que no puede realizar ningún ejercicio físico, lo que le ha acarreado una pérdida importante de masa muscular. Come poco porque con el calor tiene “muy poco apetito” y aún tiene fuerzas para explicar que “parece peor desde abajo, desde la grúa se ve todo de otra manera”.
El trabajador de Jígar sigue manteniendo que “con la ayuda de Dios aguantaré hasta el final”, y argumenta que en algún momento –ya más pronto que tarde- tendrán que retirar la grúa para concluir las obras de la plaza del Padre Vallet, y sólo cuando paguen lo que deben a su empresa bajará, “no entiendo cómo no pagan ya, si saben que para acabar la obra tendrán que hacerlo”, explica cansado.
Antes que él ya estuvieron en la estructura de metal que se eleva cuarenta metros sobre la plaza David (quien subió a la grúa el pasado 1 de febrero) y Sandy, pero tuvieron que abandonar la protesta, aunque siguen –como el resto de sus compañeros, y un grupo de apoyo con casi tres mil miembros en Facebook- apoyando la reivindicación de Doney.
Hasta Pozuelo se han acercado medios de comunicación de toda Europa “ha venido la BBC, televisiones nacionales y hasta una cadena alemana – explica Doney – pero mi situación sigue igual, no han hecho nada para que pueda bajar” y volver con los míos.
Su familia sigue siendo el apoyo de Doney, aunque a ellos ya les flaquean las fuerzas, sus tres hijos “no lo entienden ya, quieren que vuelva”, pero después de cinco meses en los que no me he bajado de la grúa ahora tengo que seguir resistiendo, explica con determinación.



