El festival Escénica, inventado por la hija, biológica y política, del anterior alcalde José Martín-Crespo, alivia las noches veraniegas de calor y sofoco, de los pozueleros acomodados. Cuando ví anunciado el concierto del gaitero Carlos Núñez, pensé que sería una buena velada, pero no me planteé asistir. Un muy buen amigo me llamó dos horas antes, y me invitó a acudir con él. Así son los muy buenos amigos: te leen el pensamiento.
El concierto fue de menos a más, de lo nuevo a lo conocido, de lo suave a lo marchoso. Los pozueleros, asistentes en buen número, rondaban los cincuenta y alguno más. En un momento determinado, como parte del espectáculo y después de haber provocado el baile, Carlos Núñez consiguió subir al escenario a un buen número de espectadores marchosos que bailamos con él. Pero le duró poco la fiesta.
El responsable de Protección Civil en el concierto, fuera de sí, con un silbato ridículo que no cesaba de sonar en duro contraste con los suaves instrumentos de viento de la banda, nos obligó a todos a bajar. Carlos, músico con tablas, se saltó la línea que separa a un actor de su público. El protector civil se saltó la línea que separa la organización del espectáculo. Luego, en un absurdo total, prohibió a la gente bailar junto al escenario. Nadie entendía nada y aquel señor, o quién mandase en él, parecía ignorarlo todo de seguridad, de espectáculos y también de educación. Como si creyese que éramos los descerebrados del botellón de las fiestas del año pasado, nos chafó un buen concierto. Patética Escénica.