Qué peste

Por el may 21st, 2010 y publicado en Naturaleza. RSS 2.0.

Todo comenzó al terminar la primera guerra mundial. Por entonces las olmedas abundaban en toda Europa, y el olmo era uno de los árboles más apreciados en las ciudades y el medio rural.

No está muy claro cómo llegó. Muchas fuentes apuntan a que comenzó su viaje en China y alcanzó el viejo continente en el interior de una maleta de madera, de olmo. Los dueños de la maleta, inmigrantes orientales que viajaron a Holanda para trabajar en la construcción del ferrocarril, no podían imaginar el daño que causarían a la flora mundial.

El devastador polizón, un hongo más tarde denominado Ophiostoma ulmi, no tardó en arrasar gran parte de los olmos de Holanda, Francia y Alemania a bordo del barrenillo, un escarabajo devorador de madera a cuyas patas iba adherido.

Fue en Holanda donde se realizaron los primeros estudios para analizar y clasificar este hongo patógeno, por lo que pronto se denominó a la plaga Enfermedad holandesa del olmo.

La enfermedad cruzó los Pirineos en los años 30 sin llegar a ser tan letal como en nuestros países vecinos. Aquí se le llamó Grafiosis (enfermedad gráfica), en referencia a los curiosos dibujos que realiza el barrenillo bajo la corteza de los olmos.

Desgraciadamente en los años 70 reaparece la enfermedad, esta vez provocada por un nuevo hongo, Ophiostoma novo-ulmi, mucho más agresivo y de efectos desoladores, causando la casi total extinción de los olmos adultos en nuestro país.

Desde su aparición, la grafiosis ha sido la responsable de la muerte de seis millones de olmos en España. El hongo bloquea el movimiento de la savia por los vasos conductores del árbol, provocando el marchitamiento con la posterior caída de las hojas, y finalmente la muerte del ejemplar.

Sin embargo son muchos los olmos que hoy en día podemos contemplar por toda nuestra geografía, así como en nuestro municipio. ¿A qué es debido? En la península habitan dos especies autóctonas de olmo: el cómun (Ulmus minor) y el de montaña (Ulmus glabra). Ambas fueron gravemente afectadas por la grafiosis ya que no tuvieron tiempo para desarrollar defensas naturales contra la enfermedad. Sí que disponía de ellas el olmo de Siberia (Ulmus Pumila), una especie asiática en cuya madera llegó el primer hongo a Europa. Dada su resistencia a la grafiosis, este lejano pariente se ha convertido en el sustituto ideal de nuestras castigadas ulmáceas.

Desde los años 80 se han llevado a cabo inumerables estudios con el objeto de erradicar la denominada “peste de los olmos”. Pero, mientras, la solución más sencilla para poder disfrutar del fabuloso porte y color de los olmos, ha consistido en la implantación de la especie resistente.

El olmo de Siberia, como las 20 especies que componen la familia de las ulmáceas, es un majestuoso árbol caducifolio con características hojas simples y alternas.

A diferencia del resto de olmos, el siberiano destaca por la casi simetría de sus hojas. Esta propiedad le hace fácilmente distinguible, así como el esbelto peciolo de sus foliolos.

Las hojas son verde oscuro por el haz y disponen de vello en el envés.  Pequeñas y lanceoladas, de unos 8 cm, sus nervios son muy marcados. Destaca también el aserramiento, que en ocasiones puede llegar a ser doble.

En otoño las hojas adquieren un color amarillo dorado que dan al olmo un aspecto magnífico.

Las flores, sin embargo, son muy discretas, sin pétalos. Aparecen a finales de invierno en pequeños racimos. Los olmos son hermafroditas por lo que, recordemos, tienen ambos sexos en la misma flor.

Sí resulta espectacular el aspecto del árbol con la aparición de los frutos. Éstos son pequeñas sámaras, una membrana muy fina que envuelve una única semilla en posición central. Esta estructura facilita la dispersión de los frutos con la ayuda del viento una vez que se hayan desprendido las sámaras de la rama.

Tanto las flores como los frutos aparecen mucho antes que las hojas, por lo que resulta especialmente interesante disfrutar de la belleza que aporta cada uno de los estados del árbol.

La corteza es rugosa y de un color pardo grisaceo.

De crecimiento rápido en sus primeros años, es importante valorar el lugar donde se planta, ya que sus raices son agresivas y competitivas. Son también el medio por el cual se contagia la grafiosis entre ejemplares muy cercanos, de ahí la dificultad de erradicar la enfermedad en muchos casos.

CURIOSIDADES

  • En Pozuelo podemos encontrar muchos olmos de Siberia. Destacar la Avenida de las Artes, Avenida de Carlos III, Avenida de Juan XXIII, Plaza de España o en el parque de la Fuente de la Salud.
  • Aquí en Madrid, en el municipio de Rivas, existe una de las últimas olmedas naturales de Ulmus Minor que quedan en Europa. No está nada claro el porqué de la resistencia de estos ejemplares, pero es un soplo de esperanza para esta especie tan castigada.
  • Uno de los ejemplares más emblemáticos del Real Jardín Botánico de Madrid es el Pantalones, un fantástico Olmus Minor que recibe su nombre por la forma que presentan sus dos troncos principales.
  • El olmo ha sido siempre fuente de inspiración para los amantes de la naturaleza. Un precioso ejemplo de ello nos lo dejó uno de los poetas más importantes de nuestro país.
  • Fueron también refugio de temibles bandoleros en nuestra sierra, en aquellos tiempos en los que ningún hongo impedía el espectacular crecimiento de los olmos.

Mirador de Pozuelo. Copyright 2005-2010. Todos los derechos reservados.