David Cameron, primer ministro británico, ha obligado a sus ministros a justificar el uso del coche oficial o lo que es lo mismo, a ir de casa al ministerio en su propio vehículo o en el transporte público. Es una excelente decisión que nunca se tomará en el Reino de España, nombre oficial de nuestro país (lo de Estado español es un invento franquista cuando en sus orígenes no quería definirse ni como república ni como monarquía). En el reino de España la decisión del premier británico es irrealizable porque aquí cualquier mindundi va en coche oficial hasta para ir a jugar al mus. Y lo digo porque lo veo. Vivo cerca del ayuntamiento y todos los días y a todas las horas hay coches oficiales, con chófer y sin él, de los más variopintos departamentos municipales ante la puerta del garaje de mi casa. (Permítaseme un desahogo: con harta frecuencia nos impiden a los vecinos entrar o salir; si tienen que retirarse para que podamos hacerlo sus conductores nos miran con aire prepotente y lo hacen con desgana y parsimonia). Se alega, con falsedad, que el gasto de los coches oficiales además de necesario es el chocolate del loro. Pero ¡hay tantos loros!
El PP ha conseguido que el Congreso de los Diputados, teórica sede de la soberanía nacional, haya aprobado varias veces la supresión de tres ministerios. Al pZ (presidente Zapatero) que debe ser más soberano que el Congreso no le sale de los zapatos hacerlo así. Se alega que suprimir esos tres ministerios es el chocolate del loro, aunque en este caso tal vez debiera decirse que es el chocolate de las loras porque los tres son regidos por mujeres. (Dos divagaciones. Primera: lo de loras no tiene el matiz peyorativo que suele atribuirse a esta palabra porque las señoras ministras en cuestión además de inteligentes son guapas. Segunda: si las señoras ministras siguieran las normas del lenguaje no machista propuesto por una de ellas debieran cambiar su apellido y pasar a llamarse señora Aída, señora Corredora y señora G. Sinda).
Si el PP fuera en la práctica y en todos los niveles gubernativos consecuente con sus ideas además de la supresión de ministerios debería proponer también la de consejerías (algo ha hecho la presidenta Aguirre), de concejalías delegadas y de asesorías, o lo que es lo mismo del número de concejales y asesores dedicados en exclusiva al ayuntamiento. Creo recordar que el alcalde doctor Martín-Crespo tenía siete u ocho concejales con esa condición y ningún consejero. El forastero que nos gobierna ahora tiene diez y siete concejales dedicados a la cosa y una cuarentena de asesores. (Otra divagación: el número de consejeros es directamente proporcional a la torpeza e ignorancia del mandamás al que asesoran; a más torpeza más asesores, algunos deben estar en el grado máximo porque tienen hasta seiscientos). Se alega que suprimir concejalías y sobre todo asesorías es el chocolate del loro, pero ¡hay tantos loros!
Por lo visto el pZ iba a ir a Brasil a predicar sobre la Alianza de Civilizaciones. El propósito era un tanto sorprendente porque hasta entonces se había creído que Brasil era de civilización cristiana y occidental, es decir, como la nuestra y por lo tanto no había que aliarse con él. Ha recapacitado y ha renunciado a su alta misión. No ocurre lo mismo con dos concejales de Pozuelo que se van a China a reforzar los lazos de hermandad que nuestra villa tiene con una localidad o barrio de ese gran país y a hablar de urbanismo. Me sorprende la noticia porque ninguno de los dos es experto en ese tema. Me dicen que como en Pozuelo el alcalde ha hecho un despropósito en la plaza del padre Vallet los concejales van a enseñarle a los chinos como pueden hacer otro tanto en la plaza de Tian´anmen, que al igual que la nuestra es demasiado grande. La enseñanza que nuestros ediles le van a dar a los chinos nos costará más de seis mil euros. ¿Qué son seis mil euros para el pueblo con mayor renta per cápita de España? Pues, el consabido chocolate del loro.
Lo del chocolate de los loros me hace pensar (de vez en cuando tengo esa funesta manía que tanto molestaba a la mala bestia que fue Fernando VII) que los dirigentes políticos y el pueblo viven en dos mundos cada vez más diferentes y distantes. Todo aquel que tiene un ligero conocimiento de la Historia sabe que cuando esto ocurre el pueblo se desentiende de la política, lo que es un gran error porque al fin y al cabo la política rige nuestras vidas, y presta su atención e incluso su apoyo a los enemigos de la democracia. Ya se oyen voces que empiezan a denostarla.
Afortunadamente no hay ningún militarón que pueda llevarnos a una nueva dictadura, pero cabe el riesgo de que los partidos no democráticos y los grupos antisistema vayan en aumento. No olvidemos que Mussolini y el general Primo de Rivera dieron sus respectivos golpes de estado con el aplauso de la mayor parte del pueblo y que Hitler accedió al poder por métodos democráticos. En la Italia, la España y la Alemania de entonces la gente estaba harta de los políticos profesionales. En mi criterio, en este caso nada modesto, éstos debieran dejar de preocuparse del chocolate de sus loros y dedicarse más al de los gobernados, de evitar el despilfarro. El no hacerlo así es un peligro para todos, loros incluidos.
