Don Leopoldo Calvo Sotelo. Una lección de Historia

Por Domingo Domené el May 21st, 2010 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Usemos un lugar común : ¡Cómo pasa el tiempo!. Parece que fue ayer y ya han pasado dos años. El día 3 de mayo del año 2008 fallecía aquí, en Pozuelo, nuestro convecino el expresidente del gobierno don Leopoldo Calvo Sotelo.

En esta España nuestra de hoy en la que los descerebrados intentan resucitar el cainismo clasificando a los españoles en buenos y malos, sin medias tintas, según la ideología política; en esta España nuestra donde los hunos quieren marginar a los hotros (así, con h, como dijera Unamuno) nadie de peso ha querido recordar al hombre de paz y concordia que fue el presidente Calvo Sotelo. Acaso se deba a que como los problemas del país son tantos y tan graves suframos de desmemoria histórica. Acaso se deba a que como quienes nos gobiernan y quienes nos quieren gobernar son unos perfectos iletrados sientan desprecio por el presidente más culto que hemos tenido en nuestra Historia. Todo puede ser. Pero, nosotros no queremos caer en la desmemoria.

Ya han pasado los suficientes años desde que don Leopoldo dejó el poder como para que la perspectiva histórica de sus veinte y un meses de gobierno se vea clara y nítida.

Veámosla, con la brevedad que impone un medio como éste, porque aunque pocos quieran reconocerlo gran parte de lo bueno que tiene la España de hoy se debe a él.

Calvo Sotelo tuvo que hacer frente a las continuas manifestaciones callejeras azuzadas por una oposición ansiosa de llegar al poder, al desgraciado asunto del aceite de colza, a las veleidades militaristas, al secular aislamiento internacional de España y, sobre todo, a la falta de entendimiento entre gobierno y oposición.

Las manifestaciones callejeras se paliaron con el acuerdo por el empleo que logró firmasen las centrales sindicales y las organizaciones empresariales.

Acabó con las veleidades militaristas, que desde 1814 tantas sombras proyectaron sobre nuestra Historia, llevando a término el proceso contra los golpistas del 23-F y desmantelando el bien articulado intento de golpe de Estado previsto para el 27 de octubre de 1982 con el fin de evitar el acceso al poder del partido socialista y, sobre todo, logró la integración de España en la OTAN a pesar de la oposición desleal e irracional del PSOE. La entrada en la OTAN, que al insertarnos en la estructura militar de Occidente impedía cualquier futuro propósito de golde estado, y posteriormente en la CEE, que nos hacía ser parte de la política europea, pusieron fin al aislamiento internacional al que España se había sometido voluntariamente después de la Guerra de la Independencia.

Las negociaciones para el ingreso en la CEE las dejó tan avanzadas que su cuñado don Fernando Morán, ministro de Asuntos Exteriores con el gobierno del PSOE, para concluirlas no tuvo más negociar los flecos, algunos tan interesantes como la protección comercial de la ropa interior femenina fabricada en España o la de la víbora cornuda, venenosa pero en peligro de extinción y que sólo existe en la península ibérica, a la que los higiénicos representantes centroeuropeos querían eliminar.

Aunque era un católico ejemplar no tuvo ningún reparo en apoyar la ley del divorcio, demandada por gran parte de la sociedad española, que fue aprobada durante su mandato.

Cuando la gobernación del país se hizo imposible por la deslealtad de los propios diputados del partido del gobierno, el presidente Calco Sotelo no se resistió a mantenerse en el poder contra viento y marea, sino que convocó elecciones generales a sabiendas de que él y lo que quedaba de su partido las perderían.

Las relaciones que mantuvo con la oposición encabezada por don Felipe González fueron un ejemplo que ya quisiéramos para hoy. A pesar de las diferencias ideológicas ambos fueron capaces de aunar esfuerzos en las grandes cuestiones (no olvidemos, por ejemplo, que el futuro presidente González pasó de un radical OTAN no a un equívoco OTAN, de entrada no). Esas correctas relaciones Calvo Sotelo-González, tanto en lo político como en lo personal, permitieron que el traspaso de poder del primero al segundo se hiciera sin ningún tipo de tirantez. (Anecdótico pero significativo: don Leopoldo y su distinguida esposa, esa gran señora que es doña Pilar, entregaron personalmente al matrimonio don Felipe González-doña Carmen Romero las “llaves” del palacio de la Moncloa y le explicaron como funcionaba el recinto a nivel doméstico).

Si la bonhomía, la lealtad con todos y el desapego por el poder cuando éste no puede ejercerse con eficacia se llevasen a la práctica tal como lo hizo el presidente Calvo Sotelo las cosas en este país funcionarían bastante mejor que en la actualidad.

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