Primero fue la electrocución de una coserje. La trabajadora trataba de realizar tareas de manteniemiento cuando sufrió una descarga. Después, el concejal de Personal ordenó una inspección a fondo y se colocó de forma bien visible un cartel donde podía leerse “homologado”. Y ahora se han quedado fuera de servicio por motivos técnicos.
Esta mañana quienes entraban en el Ayuntamiento tenían que hacerlo como se hizo hasta que hace unos meses a alguien se le ocurrió, en plena hemorragia de ingresos municipales, la idea de los tornos.
La cuestión ya no es si funcionan correctamente o no. La cuestión es el empecinamiento de su necesidad para algunos y el malestar de innumerables funcionarios por algo que consideran más próximo a un obstáculo que otra cosa.
