Cuentan los historiadores españoles que Franco tenía sobre su mesa de trabajo en el Palacio de El Pardo dos bandejas de asuntos: los que había que resolver y los que el tiempo resolvería. Explican los más documentados de esos historiadores que el general tenía por costumbre echar un vistazo de cuando en cuando a la bandeja de los asuntos que se había encargado resolver al tiempo. Cuando el que tomaba entre sus manos estaba aún sin resolver -explican-, optaba por ponerlo debajo del resto de esa misma carpeta. Si, por el contrario, el asunto que caía en sus manos había sido sobrepasado por las cambiantes circunstancias, el caudillo solía sentir la satisfacción de haber acertado al situarlo en esa bandeja y no en la otra.
Ignoro si nuestro alcalde accidental, don Gonzalo Aguado, conoce o no cómo el dictador resolvía los asuntos más complicados, pero lo cierto es que parece estar siguiendo un criterio muy análogo en la resolución de los serios problemas que aquejan a nuestro entristecido pueblo. Poco importa que ya se hayan incumplido los plazos de entrega de las obras de la plaza del Padre Vallet, ni que muchos comerciantes hayan tenido que cerrar su negocio. Escasa trascendencia tiene que miles de vecinos sigan teniendo día a día el centro de su núcleo urbano empantanado. Por no hablar de la existencia de un ser humano viviendo encima de una grúa a 40 metros de altura.
La cuestión de las obras de la plaza parece haberse convertido para el alcalde en “una de esas cuestiones que el tiempo resolverá”. Mientras el asunto está atascado y las obras caminan a la velocidad de la tortuga y con las limitaciones de no disponer de grúa, el señor Aguado se dedica a asistir a coloquios donde nos ofrece su versión sobre el cambio climático o a exposiciones donde elogia el valor del arte figurativo sobre madera.
En un ejercicio de escapismo político difícil de imaginar, Aguado se ha puesto una benda en los ojos y ha decidido seguir avanzando de frente sin saber si en su camino hayará o no una zanja. Tal vez cuando quiera darse cuenta estará en el fondo del agujero. Y el problema será entonces que nos habrá arrastrado a todos a compartir el lodo.
