Están por todas partes. Me refiero a los fatalistas. Esas personas que no saben decir tres frases sin que dos tengan una fuerte carga de negatividad. Como si España y en de forma más concreta Pozuelo acabase de atravesar el Desastre del 98, con la pérdida de las colonias incluida. Ahí están recordando que las cosas van mal y que la corrupción asola a la clase política. Afirmando que “son todos unos golfos”.
Pues bien, yo les digo: contra la adversidad, el fatalismo es la peor de las respuestas. No se queden en casa cruzados de brazos esperando que alguien en no se sabe dónde venga a solucionarles las cosas. Tomen la iniciativa. Pregúntense qué pueden hacer como personas a favor de su comunidad vecinal, su pueblo, su país.
Y, sobre todo, sonrían a la gente. Porque el fatalismo no conduce a ninguna parte.
PD: Por cierto, al reiterado Desastre del 98 le siguió una de las épocas de mayor prosperidad económica que se conocen en la Historia de España.
