¿Puede un centro escolar público excluir de sus aulas a una persona sólo porque lleva la cabeza cubierta con un pañuelo? ¿Acaso en Pozuelo contamos con los centros escolares más liacistas del Estado?
Estudié en el instituto Camilo José Cela hace cerca de 20 años y guardo buenos y malos recuerdos. Uno de los buenos es la puesta en marcha del primer consejo escolar de aquel centro. Los alumnos de entonces sentimos que, por primera vez, se nos escucharía. Otro se remonta a cuando se sometió a votación del alumnado el nombre del centro que hasta entonces se había llamado sencillamente IB Pozuelo II. Una mayoría de alumnos votó a favor de John Lenon como nombre, pero le pusieron Camilo José Cela. Pensaron quienes entonces llevaban las riendas que un instituto público es un centro de aprendizaje, de tolerancia, de cultura, de conocimiento y que el nombre del Nobel español definía mejor esos valores que la canción Imaging de Lenon. Muchos lo discutieron, sobre todo quienes habían escuchado algunas de las barbaridades con que Cela se despachaba en la televisión.
Casi 20 años más tarde, quienes le suceden al frente de la institución optan por convertir un centro de tolerancia en un símbolo de intolerancia religiosa, un lugar de conocimiento en punto de reunión sobre la ignorancia de las realidad que nos rodea, de cultura en incultura sobre lo que representa la religión, de conocimiento en desoconocimiento de los grupos sociales que ya forman parte de nuestra sociedad.
¿Van a prohibir a los católicos que vayan a clase con una cruz colgada del cuello? Porque los musulmanes no tienen iconos que representen a su divinidad. Porque para ellos ese pañuelo es algo parecido a nuestra cruz cristiana. ¿Y cuando vengan al Ayuntamiento a pagar los impuestos?¿Les vamos a exigir que se quiten el pañuelo para entrar en el teatro municipal?
Seguro que no eran del todo conscientes de la decisión. Pero se han equivocado. Cuando se trata de personas excluir nunca es la solución. La respuesta es siempre integrar.
