Comienza el espectáculo

Por Mauricio Robles el Abr 2nd, 2010 y publicado en Naturaleza. RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o trackback a este artículo.

Sí. De manera oficial una nueva primavera comenzó pocos días atrás. Sin embargo, los árboles, especialmente los caducifolios, ya percibieron hace semanas esa misteriosa señal que les indicaba el final de su letargo invernal. De una forma discreta, sin llamar mucho la atención, algunas especies reiniciaron el crecimiento de sus yemas, las cuales habían quedado en reposo desde el pasado verano en un estado denominado dormancia.

Para hacer mucho más entretenido el periodo primaveral, cada especie de árbol tiene su ritmo a la hora de abrir sus yemas y abandonar la dormancia. Gracias a ello, el deleite que supone contemplar el desarrollo floral de los árboles, se hace de una forma más escalonada.

Por su intenso amarillo, las mimosas (Acacia dealbata) nos anunciaron hace ya días que pertenecen al grupo de árboles más precoces floreciendo.

También pertenecen a este grupo la variedad Negundo de los arces (Acer negundo) que, aunque a cierta distancia no parezca muy llamativa, si nos acercamos a husmear sus flores podemos sorprendernos por su belleza.

La especie a tratar en esta segunda entrega es también muy precoz en su desarrollo primaveral. Pertenece al género Prunus. Éste, en general del hemisferio norte, consta de unas 430 especies. En nuestro municipio podemos encontrar varias de ellas, aunque, sin duda, la más abundante es el Ciruelo rojo (Prunus cerasifera ‘Atropurpurea’).

Este árbol caducifolio florece antes de generar su fronda, ofreciendo un maravilloso espectáculo cuando las profusas florecillas rosas de cinco pétalos recubren todas sus ramas.

Las flores del ciruelo rojo son perfectas o, lo que es lo mismo, hermafroditas, disponiendo cada una de órganos sexuales masculinos y femeninos. No debemos confundir estas estructuras sexuales con las flores de las plantas monoicas, como la Secuoya roja (Sequoia sempervirens), descrita en la entrega anterior, en la que cada ejemplar tiene flores masculinas y flores femeninas.

Además de su belleza visual, el aroma que desprenden las flores es intenso y embriagador. Es un placer para el olfato disfrutar del olor bajo un ciruelo rojo en plena floración.

Diez días después de la aparición de las flores, tímidamente comienzan a desarrollarse las primeras hojas. Éstas son simples y ligeramente aserradas, con un color rojo púrpura muy característico.

Conforme van transcurriendo los días, las flores van desapareciendo y las hojas pasan a teñir de oscuro al ciruelo rojo. Si esta transformación cromática no es acelerada por la climatología, es todo un espectáculo visual el paulatino cambio de colores.

A finales de mayo, de lo que fueron las flores, surgirán los frutos, pequeñas ciruelas de un color granate oscuro, muy parecido al de las hojas. Alcanzan su madurez a principios de otoño y, aún hoy, se siguen utilizando para preparar mermeladas, dado que son comestibles.

El ciruelo rojo está a medio camino entre árbol y arbusto. Con una cuidada poda puede presentar un porte elegante y esbelto, con ejemplares que alcanzan hasta los 9 metros de altura. De forma natural, sin la intervención humana, presentarían un aspecto arbustivo.

Terminando con su descripción, la  corteza es oscura y ligeramente agrietada.

La madera del ciruelo rojo es dura, pero es poco utilizada debido al pequeño tamaño de los troncos de esta especie arbórea.

CURIOSIDADES

  • La etimología del nombre es la siguiente:

Prunus: Es el nombre en latín del ciruelo silvestre.

Cerasifera: Tiene o produce cerezas.

Atropurpurea: Describe el color púrpura de sus hojas.

  • Es sorprendente la cantidad de nombres comunes con los que se conoce al ciruelo rojo. Algunos de ellos son: Cerezo de Pissard, Ciruelo de Japón, Ciruelo japonés, Prunus Pisardi, Ciruelo Pisardi, Pisardi, Cerezo de jardín, Ciruelo de Pissard, Pruno Pisardi, Cerezo japonés. Llama especialmente la atención la referencia a Japón, ya que esta especie es nativa de Turquía y de la región del Cáucaso.
  • El hecho de que sea conocido como ciruelo Pisardi se debe a su descubridor, Monsieur Pissard, jefe de los jardineros del Sah de Persia, que en el año 1880 envió a Francia el primer ejemplar de Prunus cerasifera con las hojas rojas, en lugar de verdes.
  • Es un árbol poco longevo, ya que no llega a superar los 80 años de vida.
  • Son muy utilizados de forma ornamental en la ciudad ya que, además de su belleza en primavera, sus ejemplares son resistentes a la contaminación y a las heladas.

  • En Pozuelo son muy abundantes en cualquier jardín público o privado. Podemos verlos también decorando la mediana de las calles, intercalándose con otras especies para crear gratos contrastes de color.

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