Lamento tener que admitir que el fango del caso Gürtel está extendiendo su pútrido olor a medida que pasan los días por diferentes despachos, públicos y privados, de nuestro municipio. El levantamiento del gigantesco sumario ha puesto patas arriba de nuevo la política local y ha levantado sospechas sobre algunos miembros que todavía no están imputados y quizá no lo estén nunca.
Pero lo más triste de las numerosas declaraciones que recoge el sumario es que muchos daban por sentado que la corrupción había penetrado hasta la médula del Consistorio con la complacencia de un buen número de personas. El resultado es que, resulten o no imputados por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, muchos tenemos la sensación de que uno ya no puede fiarse de nadie dentro del Consistorio.
Creo sinceramente que ya no cabe más opción política decente y razonable que hacer borrón y cuenta nueva. Esperanza Aguirre se juega su credibilidad con sus votantes de aquí si no renueva del número 1 al 25 la lista de candidatos en las próximas elecciones municipales. Los ciudadanos reclaman en sus conversaciones de café un alcalde nacido o crecido en Pozuelo que conozca el pueblo y que esté dispuesto a remangarse para regenerar la principal institución local. Alguien que abra las ventanas de par en par para que corra el aire con fuerza, que desintegre el elefanteásico equipo de asesores y ponga un poco de sentido común en el tipo de gestión en que nos han sumido estos forasteros que todavía, espero que de forma accidental y provisional, nos siguen gobernando.
