La Voz de Pozuelo ha muerto. Sus cuerdas vocales de papel han dejado de vibrar. Hacía tiempo que La Voz era un suave murmullo. Quizá la enterramos ahora, pero realmente murió el día que don Jesús Mora la dejó, o el día que el Ayuntamiento rompió el acuerdo con ella y se terminó la subvención. No lo sé.
Lo cierto es que no hay mucho espacio en Pozuelo para la prensa libre y comercial. Sí lo hay para la prensa subvencionada, de la que siempre hemos tenido abundancia. Además, en muchas ocasiones, la pagamos doble: con nuestros impuestos y con nuestros anuncios. El poder es siempre muy generoso con los medios paniaguados que ensalzan las glorias del césar de turno.
Ahora, por esas gozosas paradojas y casualidades, la gente conoce que un “grupo” “privado” de “comunicación”, con una “emisora” y un diario digital, tiene su sede a expensas de nuestros impuestos en locales municipales. Es normal. El poder político en España es descarado y no guarda ni las más mínimas formas, pero es porque nosotros se lo consentimos. Una vez más, la paradoja. Muere La Voz de Pozuelo y viene el Diario de Pozuelo. Dos medios que han servido al poder. Unos vienen y otros van. Como la vida misma.