Vaya por delante mi excepticismo sobre la remota posibilidad de que los señores del periódico MIRADOR publiquen este artículo en la que me expresaré con corrección, pero sin pelos en la lengua sobre su naturaleza y contenido.
Aunque no nací ni me crié aquí, hace muchos años que resido en esta tranquila ciudad a orillas del mostruo en que se ha convertido Madrid. Siento Pozuelo como propio y me duele sobremanera la lectura cotidiana de un medio de comunicación que nunca encuentra cosas positivas que destacar en este Pozuelo nuestro que, les guste o no a ustedes, es donde a la mayoría nos encanta vivir.
Me parece absolutamente incontestable la afirmación de que en el Pozuelo de hoy se vive mucho mejor que en el de hace 20 años. Tampoco creo que pueda caber duda sobre hasta qué punto han mejorado los equipamientos municipales. No creo que nadie pueda quejarse de las opciones comerciales o de transporte que ofrece el municipio y sus conexiones con Madrid. Y mucho menos aún el esfuerzo cotidiano que se hace por mantener una tranquilidad, un estilo de vida que muchos adoramos.
Y, sin embargo, estos comunicadores enlutados que sin saber por qué me abren sus puertas, se dedican a censurar y criticar al alcalde y su camarilla un día tras otro sin abrir siquiera una pequeña ventana al aire fresco de las muchas cosas que se hacen bien en esta ciudad.
Le he dicho al editor en varias ocasiones que no irá lejos imponiendo una línea crítica contra una ayuntamiento que respaldamos mayoritariamente los ciudadanos. Y siempre tiene la desfachatez de decirme que no lo diga, que lo escriba y se lo mande. Pues aquí lo tiene en esta primera colaboración que, mucho me temo, también será la última. Porque una cosa es predicar y otra dar trigo. Y porque una cosa es llenarse la boca con la libertad de expresión y otra acoger a quien te dice las verdades del barquero.