Poco después de las cuatro de la tarde Sandy, el obrero de Jígar que llevaba desde el pasado seis de febrero encaramado a la grúa de las obras de la plaza del Padre Vallet para reclamar que Ploder abone los más de 140.000 euros que debe a su empresa, ha bajado de la grúa.
Sandy, rodeado en todo momento por vecinos, comerciantes y sus compañeros de Jígar, ha querido agradecer a través de MIRADOR el apoyo que le han prestado los pozueleros, de quienes ha dicho “se merecen un diez”.
“Me he bajado por mis niñas”, declaró Sandy, y es que ha sido muy duro pasar casi cinco semanas sin ver a su familia y manteniendo sólo contacto telefónico con sus hijas de cuatro y siete años, “eso ha sido lo peor, el hablar con mi hija mayor y que pidiera verme, no lo comprendía”.
A pie de grúa y muy emocionado le esperaba su compañero David Cediel, quien fue el primero en subirse a cuarenta metros de altura para protestar por el impago a su empresa por parte de Ploder el pasado uno de febrero y quien tuvo que bajar diecisiete días después para asistir al nacimiento de su hijo.
Visiblemente delgado y demacrado, después de “vivir” en un espacio tan limitado y en el que no ha podido realizar ningún tipo de ejercicio, la primera parada que ha hecho Sandy ha sido la visista a un restaurante cercano para “tomar una comida caliente y descansar un rato”.
Mientras, el relevo sobre la grúa lo ha tomado Doney, quien subió a ella tras burlar a la policía y a los guardias de seguridad que vigilaban las obras de la plaza del Padre Vallet el pasado miércoles tres de marzo, de este modo acompañaba a Sandy en lo que consideran, según sus palabras, una protesta “justa ya que sólo estamos reclamando lo que es nuestro”.
