Me cuentan que hoy se cumple un año desde que el alcalde accidental que nos representa ascendió en dura pugna con varios compañeros a la alcaldía de esta ciudad de más de 80.000 almas, cuya principal característica es la ausencia de identidad local.
Hoy el alcalde, creo que de forma prudente, ha guardado silencio. Como si quisiera decir que nada hay que celebrar un año después o que mejor dejar los balances cuando haya algo positivo que poner en la balanza. Desde MIRADOR me han enviado gentilmente el balance que ha hecho el partido socialista: “los conflictos de la fiestas de Pozuelo, subida de la presión fiscal, otra Concejala también imputada en el Caso Gürtel, tres remodelaciones de Gobierno en un año, las obras de la plaza de Padre Vallet, con dos trabajadores subidos en la grúa desde hace un mes y medio, la imagen de la ciudad por los suelos: el desgobierno absoluto”, refiere su portavoz local, Eva Izquierdo.
Extraño habría sido también que la líder del PSOE pozuelero hubiera guardado silencio teniendo como lo tenía para sacudir a gusto al gobierno local.
A quienes tengan interés en esto de la política local les diré que a las ciudadanas de a pié no nos importa en absoluto esto de los balances. A las vecinas y vecinos nos importa el presente y, sobre todo, el futuro. El presente se resume en dos señores subidos en lo alto de una grúa en el centro del pueblo y unas obras prácticamente paralizadas. Y el futuro más inmediato se nos antoja poco algüeño a la vista de las capacidades que el gobierno municipal ha ocultado sistemáticamente.
Pero el verdadero problema no es el equipo ni sus capacidades. El lastre de Pozuelo es que quienes se alojan en la Casa Consistorial saben que su tiempo está tasado y su caducidad concluye en mayo del año próximo. Y el nuestro, el de los vecinos, es saber que a buen seguro Esperanza Aguirre nos enviará otro paracaidista, a pesar de las nefastas consecuencias que nos ha traído la tropa que todavía nos desgobierna.