Gestores sin responsabilidades

Por Carmen Avila el Mar 6th, 2010 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Cada vez que me subo a un avión pienso que volar es algo antinatural para el ser humano. Mis amigas suelen decirme que eso lo digo porque suele dolerme la cabeza en las horas que suceden a cada aterrizaje, pero yo sé que lo digo porque tengo la certeza de que el hombre y la mujer no fueron concebidos para volar en gigantescos aparatos de cientos de toneladas de hierro que, cuando están en el aire, se me antojan frágiles criaturas en manos de un Eolo sin piedad.

Les ahorro el resto de mis malos rollos cada vez que me subo a un avión para contarles que, por motivos académicos que no vienen al caso, acabo de regresar de pasar unos días en un país del norte de Europa cuyo nombre tampoco tiene mayor trascendencia. Durante varios días he podido departir sobre cuestiones de la más diversa naturaleza con profesionales de varios ámbitos y, cómo no, de la crisis económica que a todos nos azota, a unos en mayor medida que a otros.

Me hablan esos profesionales de unos políticos que no hicieron bien su trabajo, ni antes de la crisis anticipándose a sus repercusiones, ni durante el latigazo presumiendo conocer las respuestas a las preguntas que muchas nos seguimos haciendo de forma recurrente. Me cuentan de la corrupción de sus políticos y, como si no hubiera sacado los piés de Madrid, me explican que la fiebre por la construcción alcanzó tan altas temperaturas como ahora es bajo el grado de congelación en esos países de latitudes tan lejanas a la nuestra.

Esto último no me extraña, porque, oigan, qué frío hace según cruza una los Pirineos. Me dirán que a los chicos esos que llevan días encima de la grúa nadie les tiene que contar lo que es pasar frío. Y les digo yo que frío, lo que se dice frío de verdad, en España ya no pasa la gente.

Y a lo mejor por eso, porque ya nadie sabe lo que es pasar frío ni hambre por lo que España parece una balsa a pesar de tener más de 4 millones de parados. A lo mejor es porque los vecinos de Pozuelo viven mejor que bien por lo que nadie se preocupa de los atropellos que se cometen en la política local y por una gestión que, de haberse producido en el seno de una empresa privada, habría dado con los huesos del director/alcalde en la cola del paro hacía ya mucho tiempo.

No acabo de entender un país que despide entrenadores de fútbol cuando su equipo encadena una mala racha de resultados y se cruza de manos cuando un alcalde sume a su pueblo en la peor de las situaciones imaginables. ¿Es que nadie va a dar explicaciones porque se haya subido otro muchacho a la grúa? Porque si se ponen a hacer turnos, las obras no las terminarán nunca.

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