Hoy se cumple una semana desde que David Cediel se subió a la grúa que realiza las obras de la plaza del Padre Vallet, y allí sigue. El sábado se unió a él Sandy, y cada tarde, sus compañeros de Jigar, la subcontrata a la que Ploder Ulcesa adeuda 140.000 euros, acuden a prestarles su apoyo.
Mirador de Pozuelo ha hablado esta misma tarde con el dueño de la empresa Jigar S.A, Arturo Sandín, quien ha explicado que la situación en la que se encuentran es “mala, ya que no encuentran ninguna solución” que permita a sus dos trabajadores bajarse de la grúa.
Ellos se encuentran con fuerzas para “aguantar todo lo que sea necesario, hasta que la empresa Ploder abone los 140.000 euros que nos adeuda”. Arturo explica que esta mañana se ha reunido con representantes de la constructora y que “el alcalde de Pozuelo ha intentado mediar” pero sin ningún éxito, ya que, en su opinión “Ploder no tiene ninguna intención de pagar”.
Esta es la misma conclusión de Antonio, compañero de David y Sandy, quien junto a un grupo de trabajadores de Jigar acuden a diario a apoyar las reivindicaciones de sus compañeros, que son las suyas propias, y es que están en juego sus puestos de trabajo, ya que, según explica “nuestra empresa de momento nos puede pagar”, pero una deuda de este calibre puede hundir a cualquiera, y más con la crisis que tenemos encima.
“Necesitamos que nos paguen lo que nos deben”, queremos que nos abonen los atrasos pero Ploder no está dispuesta, “parece que hay un concurso de acreedores y nos pueden pagar a unos sí y a otros no”, nosotros sólo queremos lo que nos corresponde.
La solución propuesta por la constructora Ploder Ulcesa es, a juicio de los trabajadores de Jigar, del todo inviable, “quieren que sigamos trabajando en la obra, pagando por adelantado, pero no se quieren hacer cargo de lo que nos deben”.
Las familias no lo llevan nada bien, explica otro compañero de los obreros encaramados a la grúa, “la mujer de David esta a punto de dar a luz, y las hijas de Sandy y su mujer están muy preocupadas, pero sin dejar de apoyarles y echándoles de menos”. La comida y el agua se las hacen llegar “con una cuerda que lanzan desde lo alto de la grúa” y con sus gritos y silbatos les dan el apoyo moral “porque no están solos, todos sus compañeros estamos con ellos en lo alto de la grúa, es nuestro pan”.
Mientras el Ayuntamiento explica en su página web que han hecho todo lo posible para mediar en un conflicto privado, exigiendo a las empresas que garanticen la finalización de las obras, pero sin forzar una solución a una situación que ya dura demasiado.
