Cartas al Director: Cómo cargarse las fiestas patronales sin hacer ruido

Por Arturo Gómez Quijano el Feb 14th, 2010 y publicado en Opinión. RSS 2.0.

Por fin van a descabellar las fiestas de Pozuelo Pueblo, costó relativamente poco cargarse las de la estación, con desintegrar el lugar donde se celebraban, casi fue suficiente, con eso desaparecieron los bares, las tómbolas, las carreras de camellos, la góndola, en fin, todo lo que había allí. Nos hemos quedado con un triste baile al que acude muy poca gente porque no tiene atractivo, unos castillos hinchables atestados con un descontrol de edades y de actitudes que hace a los padres temer por sus hijos, unos fuegos artificiales, eso sí, que suenan mucho, para que nos enteremos que hay fiestas, que sino igual ni nos enteramos, y poco más.
Largos años se han dedicado por parte de la administración municipal a defenestrar las fiestas del pueblo también, esto ha costado más, primero nos cargamos el ambiente en el casco urbano, hubo un tiempo en que la gente no tenía que irse de Pozuelo a buscar ambiente, íbamos al Popy, al Norte, al Mamola, al Funky, al Júpiter, o a la Batucada, lamento todos los nombres que me dejo en el tintero, había decenas de lugares en el casco urbano donde tomar una copa, echar unas risas o unos bailes, en fin, ni siquiera había que coger un coche para desplazarse entre estos sitios, sí, se pasaron los años ochenta, y se llevaron todo esto, a base de Avenida de Europa, a base de redadas, a veces indiscriminadas, a base de presión sobre estos hosteleros, a base de poco apoyo institucional a los negocios del pueblo, a base de prohibiciones, no beba usted en la calle, no ponga usted música, cierre usted a las 6, cierre usted a las 3, cierre usted a las 2, cierre usted (esto es el último grito). Estos garitos eran objeto de una auténtica procesión durante las fiestas, quién no recuerda la calle del Norte, o Cirilo Palomo en aquellas fechas. Hubo algún adelantado a su tiempo que incluso filmó este ambiente y lo tiene colgado en la red.
Pues bien, una vez muerto esto, empezamos a cargarnos el resto, primero aquella plaza que montaba el amigo Isidoro, de grato recuerdo, nos cargamos los chiringuitos de dentro, esos en los que podías pedir desde el tabloncillo y que olían a panceta y a cerveza agriada y que estaban funcionando toda la noche, y toda la mañana, hasta que acababa el encierro, a veces hasta más de las doce del mediodía. Luego, otro año, cerramos la plaza por la noche, evitando así que la gente se quedara allí guardando sitio para el encierro, eran muy peligrosos aquellos individuos que dormían, lo que podían, sobre esos duros tablones, aguantando el tipo con un mini de pacharán, o jugaban al fútbol sorteando la farola del centro de la plaza, después nos cargamos directamente la fiesta, el centro neurálgico de todo aquello, nos llevamos la plaza a una nueva y flamante instalación, donde se ponía una portátil, que ya nos costaba un buen dinero, pero daba una imagen más “modelna” de nuestro pueblo, y, con ella, el recorrido del encierro, se acabaron los toriles en Calvario, se acabaron las curvas en la bajada, las puertas tableteadas, la gente subida a las rejas de las ventanas, o a la valla trasera del Ayuntamiento antiguo.
También se fueron los coches de choque y el tiovivo, bien es cierto que en aquel espacio frente al antiguo Divino Maestro, en la plaza del Padre Vallet, no cabía mucho más, incluso durante los primeros años se agradeció la ampliación del recinto de atracciones, cuando el pradillo no era pradillo, sino un erial, y los coches de choque se podían tirar allí 10 meses. Como ya nos habíamos cargado el arroyo, con una buena canalización, que nos costó, y nos costará, más de un disgusto ante las inundaciones que periódicamente nos visitan, pues hicimos una explanadita asfaltada, con unas canastas que nos dieron, y venga, aquí nos quedan estupendas las fiestas, todo junto y todo controlado, pero se nos descontroló. Hubo algunos vecinos que se dieron cuenta de que el martirio al que les sometía el ruido de las fiestas era denunciable, de que la plaza de las Américas no cumplía con la legalidad, y se pusieron a denunciar, y ganaron, y hubo que tirar las columnitas, y llevarse los bares ( al lado de la plaza de la coronación, de nuevo, manda carallo, donde los vecinos tragan) y decirles que nada de música, que nos vamos a quedar sordos (y puede venir la SGAE).
Y resulta que nadie debió advertir las procesiones de adolescentes, pertrechados con bolsas de sospechoso contenido, que se dirigían desde diversos puntos hacia el parque de la fuente de la salud, una de ellas, de no menos de 200 individuos, cerca de las doce de la noche subía andando desde la estación hasta el recinto ferial, todos embolsados, que creíamos que era una manifestación, pero no… El caso es que se juntaron allí, en el parque, a hacer,  pues lo que se hace ahora, mamarse bien mamaos, pero esa es otra historia.
Pero claro, hay que respetar las normas, no las de que no se puede hacer botellón, que ya estaba prohibido, aunque nadie lo supiera, o aunque nadie sospechara que las bolsas contenían el material botellonero, había que respetar las normas de que había que levantar el campamento, no se sabe bien si a las 3:07 o a las 4:22, pero el caso es que alguien tomó la iniciativa de desalojar a aquellos embotellonados, que se mostraron un tanto reacios, con los lamentables resultados que todos conocemos. Solución: se reprohibió el botellón, por si acaso, buscamos culpables, los forasteros, los pijos, los padres, los policías, en fin, no nos pusimos de acuerdo, pero para el año que viene hay que solucionar esto, ¿Cómo?, ah, ya se verá, de momento invadimos el pueblo de policías, para asustar, y que todo el mundo cierre prontito, a ver si pasa la tormenta.
Pues ha llegado el momento de planificar las fiestas de este año y, como no hemos hecho los deberes, pues hay que buscar una solución, claro, adelantamos las fiestas, que habrá gente todavía de vacaciones, los chavales estarán de exámenes, sólo habrá un fin de semana, que será el único momento de peligro, concentramos ahí todas las horas extras de la policía, traemos a los antidisturbios, que seguro que, para dos días, nos los dejan, explotamos unos cuantos kilos de pólvora, para que se note que estamos en fiestas, y fuera, y el año próximo, como las elecciones son antes que las fiestas, pues ya veremos lo que hacemos, total, de aquí no nos quita nadie…
Pues señores, para eso, pongan unos castillos hinchables, un par de días de pachanga y, eso sí, unos fuegos artificiales que hagan mucho ruido, para que se note que estamos en fiestas, y fuera, ya nos hemos cargado estas fiestas también, con la puntilla, las descabellamos, y que se las lleven las mulillas. ¿Excesivo coste de seguridad y limpieza? ¿Es que cuando se contrató a la empresa encargada de la limpieza del municipio no se tuvo en cuenta que hay que limpiar en las fiestas? ¿Es que los policías que vigilan en las fiestas nos cuestan más que los fuegos artificiales? Igual era mejor reunirse con las asociaciones y peñas para buscar una solución, en lugar de explicarles la solución, igual era mejor escuchar a los vecinos, esto se llama despotismo ¿ilustrado?, todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
El problema es que el pueblo, ahora, si está ilustrado. En su momento fue necesaria la Revolución Francesa para acabar con aquello. Esperemos que esto se solucione antes del 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla, y, por cierto, mi cumpleaños. ¿No hay un sitio donde poner el recinto ferial? Ya que las fiestas están de capa caída y molestan en el pueblo, ¿Qué tal junto al Valle de las Cañas?, ah, no que molestamos a los Sres. de la Finca, igual se nos escapa algún futbolista y perdemos prestigio
por José Antonio Rueda.

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