Desde que el pasado mes se reanudaran las visitas al Parque Forestal de Somosaguas, los visitantes no han dejado de llegar. Cada sábado y domingo -a las 10 y a las 12 de la mañana- los técnicos forestales encargados de guiar y descubrir las maravillas de este espacio natural, reciben a todos a las puertas del parque.
El paseo dura en torno a una hora y media, aunque según la curiosidad del grupo se puede alargar un poco más, y es que si bien la visita comienza con cierta timidez, a medida que pasa el tiempo y se descubren las joyas de la naturaleza que esconde el parque aumentan las preguntas. Es entonces cuando se comparten las anécdotas entre los miembros del grupo y es que, sobre todo, la visita es en una jornada de encuentro y aprendizaje de la naturaleza.

Ya desde el principio dos de los técnicos que acompañan a los visitantes, María y Almudena, explican que en los años ochenta la zona que actualmente ocupa el parque se había convertido en un vertedero. Si bien vecinos de Húmera como Mariela todavía recuerdan con cariño cuando iban a merendar allí: “jugaba con mis amigos y con la hija del pastor”, cuya casa, aunque cerrada, aún continúa en pie en este enclave natural.
La restauración del Parque Forestal tuvo lugar entre 1991 y 1993, y se concibió con la idea de crear un bosque de encinas. Aunque, según explica María, “realmente no sabemos cómo es un bosque de encinas, pues actualmente no existe ninguno ya que la mano del hombre ha alterado el hábitat natural”, por lo que a los técnicos del parque sólo pueden suponer cuáles podrían ser las especies más adecuadas para crear un bosque de estas características. Así pues, el espíritu que guía a los encargados de cuidar y de “mimar” a este Parque Forestal es la de “regenerar el encinar mediterráneo”.
CIEN MIL ÁRBOLES
En la actualidad, el Parque Forestal de Somosaguas tiene 95.000 árboles y 125.000 arbustos. A lo largo del paseo, los visitantes pueden disfrutar desde encinas a fresnos, pasando por álamos negros o sauces llorones que crecen a lo largo de todo el curso del arroyo de la Antequina, uno de los dos riachuelos que atraviesan el parque y que proporcionan un ambiente fresco y permiten disfrutar del relajante murmullo del agua.
El del Parque Forestal de Somosaguas es un “ecosistema joven”, explica María a los miembros más pequeños del grupo, por lo que todavía necesita cuidados continuos, como podas o clareos. Así que como aún no está consolidado, es conveniente limitar las visitas a los fines de semana. Además, el que el grupo esté acompañado por un experto permite que se descubra y se conozca en profundidad todos los secretos de las especies –tanto vegetales como animales- que se esconden en este bosque de Pozuelo. Si bien los visitantes comprenden la necesidad de que las visitas sean guiadas, muchos se quejan de que no exista la posibilidad de hacer el recorrido por la tarde, “sería ideal poder disfrutar de la visita al atardecer” dice Andrés, uno de los miembros del grupo que ha olvidado traer una gorra para protegerse del sol.

Pero, ¿qué es exactamente un Parque Forestal?, pregunta Marta, que se ha unido al grupo acompañada de su hija pequeña, una “entusiasta” de realizar actividades en la naturaleza como ésta. Pronto aclara las dudas una de las monitoras, para matizar que el de Somosaguas es una mezcla de un bosque y de parque urbano, lo que le convierte en un “parque diferente”; además, explica que una vez que se ha quemado un bosque, para considerarlo recuperado totalmente deben pasar 100 años, así que a este Parque Forestal, que aún está en crecimiento, todavía le queda algún tiempo para que pueda ser considerado un bosque en toda regla.
Otra de las peculiaridades que se observan en este Parque Forestal es que no hay ninguna papelera, ni fuente, ni bancos para descansar, porque lo que se busca es la recuperación del bosque encinar. En el Parque Forestal no priman las necesidades del ser humano, apunta María, sino que se concibe como un “hábitat ideal para la flora y la fauna, y adentrarse en él es una nueva experiencia ya que aquí el protagonista no es el hombre sino la naturaleza”.
De hecho, esta concepción de bosque como lugar de aprendizaje para los más pequeños, ha llevado a que los niños que este verano participaron en los campamentos de Pozuelo, hayan visitado el parque en numerosas ocasiones para participar en diversas actividades de descubrimiento y cuidado de la naturaleza.
DISCRETA AFLUENCIA
No sólo los niños de los campamentos, sino también los pozueleros se acercan cada fin de semana hasta Húmera para visitar el Parque Forestal de Somosaguas, y aunque por lo general los grupos oscilan en torno a unas 15 personas, ha habido ocasiones, según cuentan a MIRADOR los técnicos encargados de las visitas públicas, en las que los grupos han estado formados hasta por 60 personas.
Para aquellos que quieran ver este bosque mediterráneo de “forma diferente” también hay sitio. En la misma plaza de Húmera se pueden recoger las bicicletas que el ayuntamiento facilita para que grandes y pequeños puedan recorrer de forma ecológica todo el recinto del parque. Protegidos con cascos y chalecos, los más aventureros descubren en su recorrido madrigueras de liebres y conejos, y hasta el nido de una pareja de cigüeñas.
Es en el perímetro del parque donde se encuentran las especies no autóctonas de Pozuelo, como los castaños de india o la pyracanta también conocida como “espina de fuego”, cuyas semillas secas, según explica uno de los guías del grupo, se pueden utilizar en lugar de los granos del café.
Mientras se recorre una de las dos rutas que atraviesan el Parque Forestal se van descubriendo auténticas maravillas de la naturaleza, hasta que se encuentra la auténtica joya del parque y uno de los árboles más antiguos, un fresno que de forma señorial marca la subida a uno de los miradores que permiten una vista privilegiada de Madrid y de la Casa de Campo, con la que limita el parque.
Pero en este bosque no sólo hay árboles y arbustos, según cuentan Almudena y María al grupo, la fauna que se encuentra en el parque es muy variada, y como muestra sirven no sólo los rastros y huellas de conejos y tejones que se descubren en el paseo, sino también el avistamiento de diversas aves, y es que hasta una pareja de milanos negros tiene su nido en el parque.
En la ruta del mirador los visitantes encuentran el arbusto más representativo de Madrid, el madroño del que, explica Almudena, “sólo es recomendable comer un solo fruto ya que si se abusa puede provocar dolores de cabeza”.
MUCHAS RETAMAS
Las retamas ocupan mucha de la superficie del bosque, y se rodean tanto de pinos como de otros arbustos, y es que son imprescindibles para enriquecer el terreno, ya que- según comenta un técnico- “asimilan el nitrógeno del aire” lo que sirve para preparar el suelo de manera óptima para especies que se plantarán en el terreno con posterioridad.
A lo largo del recorrido no dejan de sucederse las sorpresas, desde el hallazgo de diversas plumas hasta el descubrimiento de una “egagrópila” por parte de Álvaro, uno de los niños más aventureros del grupo, que junto a su hermano pequeño disfruta al máximo de la visita. Todos atienden a la explicación de los expertos, y así aprenden que los milanos del parque forman estas bolas de pelo y huesos de sus presas, para regurgitarlas más tarde.
El Parque Forestal es la prolongación natural de la Casa de Campo y eso se nota, tanto en las encinas que se alzan sobre una loma de este bosque mediterráneo, como en los arroyos que lo atraviesan y continúan su camino hacia ese enclave natural.
Junto a la laguna, que en primavera está en todo su esplendor, se ha instalado un observatorio de pájaros desde el que se pueden estudiar tanto a las aves que viven todo el año aquí como a las que la utilizan para descansar en su camino hacia el sur.
Sin duda, cualquier época es buena para disfrutar del Parque Forestal de Somosaguas, aunque quizá sea el otoño -cuando llegan las lluvias que hacen que el suelo esté más esponjoso y se pueda apreciar mejor el olor del bosque-, la época más apropiada para visitarlo.