La noticia de que el Ayuntamiento ha decidido cambiar las fechas de las fiestas patronales de septiembre, publicada ayer por MIRADOR, ha caído como una bomba en el Pueblo. La palabra “forastero” es lo más delicado que se oye decir del alcalde en las conversaciones de la calle y los bares. Y es que a eso achacan los pozueleros una decisión de tal magnitud; a que el alcalde y sus concejales ignoran lo más elemental de las tradiciones de Pozuelo, motivo por el cual plantean un cambio de fechas sin más. También está la cuestión económica: menos fiestas menos ingresos para los hosteleros, que hasta ahora se beneficiaban de dos fines de semana con ambiente festivo prefestivo y que ahora se quedarían sin uno de ellos. Además de alterar una tradición de hace muchos decenios, los vecinos se quejan de que si las fiestas comienzan el 1 de septiembre pasarán casi desapercibidas, que es lo que quiere el alcalde y rechazan los vecinos nacidos en el Pueblo.
Responsables municipales mantendrán mañana una nueva reunión con las peñas para explicarles con más detalle la planificación que se está haciendo para septiembre. Pero los peñistas acudirán con un profundo malestar. No sólo por el fondo, que es lo realmente relevante, sino por las formas déspotas con las que se les comunicó la noticia el pasado lunes.
